
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
A pocas horas de terminar la conmemoración del Día de la Independencia de Estados Unidos es justo que reflexionemos sobre el valor de esta fecha. Afortunadamente no es cuando se desarrolla la gesta de una película con el mismo nombre ni se trata de recordar los errores de esta nación. Estados Unidos es una de las pocas naciones que se cura sola de sus enfermedades, con la autocrítica y el descubrimiento de nuevas maneras de reinventarse. No es perfecta, pero a los ciudadanos que la quieren les permite intervenir en los procesos con adecuada representación y respeto a las opiniones disidentes.
La parte mala de vivir en territorio americano es que aun no decidimos lo que queremos. Hemos tenido oportunidad de expresarnos en varias oportunidades y precisamente los oportunistas y los engañadores han puesto la piedra de tropiezo para la integración total o para la independencia.
Vivir en la indecisión y la ausencia plena de reconocimiento lo saben los homosexuales que han tenido que ocultarse toda la vida. Estados como nuestro territorio mojonearon con el reconocimiento pleno de sus derechos pero con la ayuda de estructuras mediadoras como el Tribunal Supremo Federal han ido ganando su espacio poco a poco. Así fue con los aborígenes, esclavos y mujeres anteriormente.
No creo ni favorezco en la celebración de este día que obligatoriamente nos han impuesto las leyes estatales y federales. No podemos aspirar a integrarnos si miramos desde lejos y con admiración lo que han logrado, sino que tenemos que lucharlo para nosotros tenerlo, como otros grupos minoritarios ya lo han obtenido en estos 240 años de su existencia.
Con la excepción de pocas personas, los vegabajeños y los puertorriqueños confiamos más en el poder, decisional y efectividad del gobierno federal que el del gobierno estatal de Puerto Rico. Algunos lo desafían y otros tratan de burlarlo, pero es un hecho que están mejores organizados y son más transparentes que los locales. Si no podemos confiar en los poderes intermedios, tenemos que ir al poder superior para que nos de la tranquilidad y el servicio a que somos acreedores dentro de un sistema democrático.
En esta crisis económica, de escasez de agua y de déficit de democracia tenemos que pensar en el próximo 4 de julio… si vamos a hacer algo más por quedarnos adentro o salirnos del sistema. Cualquiera de las dos decisiones son dignas y posibles.
Quedarnos en el letargo es ofender nuestras propias inteligencias y engañar a nuestros hijos y nietos sobre un futuro para ellos. Esa debe ser nuestra próxima decisión colectiva, sin más demora.