
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Nuestro compañero y amigo de la Escuela de la Historia Vegabajeña sigue hospitalizado. Anoche fui a visitarlo junto a Diosdado Cano y nos encontramos con Edgar Freytes, quien ha sido constante y fiel con su maestro desde que tuvo la crisis de salud.
Juan Carlos está alerta y entiende. En ocasiones habla coherentemente y recuerda, pero aun falta para su completa recuperación. Sonrió varias veces. Nos preguntó por el compañero que se había ido de vacaciones a Estados Unidos, que es Gastón Berthinet y le dijimos que ya estaba de vuelta y que lo primero que había preguntado era por él.
Como los diagnósticos médicos son confidenciales, no nos aventuramos a escribir sobre su condición actual ni su pronóstico de salud. Sólo sabemos que está de vuelta, sonriendo y luchando. También sabemos que la poderosa cadena de oración de sus amigos, conocidos y aun desconocidos que se unieron para pedir a Dios por su salud, hizo el milagro.
En la sesión del pasado miércoles de la Escuela de la Historia Vegabajeña tuvimos una conversación telefónica con uno de sus hijos. Todos participamos de ese intercambio, porque ha sido el educador dedicado que ustedes están viendo en los vídeos que está publicando Edgar Freytes.
El legado de Juan Carlos Rosario, así como el muchos vegabajeños que han aportado a la historiografía local merece ser recordado y celebrado. Juan Carlos es uno de esos aportadores que se ha dedicado constantemente a esa labor. Nuestro mejor deseo es que regrese a su plenitud. Ya lo tenemos vivo, que es lo más importante y se está recuperando, que también nos llena de mucha esperanza.
Poco a poco, le dije anoche a Juan Carlos, que iba a ser su completa recuperación. Sin prisa, pero sin pausa. Pero las oraciones no están de más. Hacen falta para que podamos todos, junto a los médicos que le atienden, proclamar su curación y rehabilitación. Yo sé que se puede porque he visto esos milagros en el pasado y los creo para el futuro que no conozco aun.