Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Me sorprendió una afirmación del candidato a alcalde por el PNP en Morovis, el representante Héctor Torres, quien dice que el alcalde Edgar Santana hizo más por Vega Baja en el corto tiempo que estuvo que todos los años de Luis Meléndez Cano. (Es menester aclarar que la compañera Esmirna Vega García indica que la persona que hizo la expresión no es el representante, sino otra persona con el mismo nombre. Para los efectos de nuestra opinión, las personas no son importantes, porque este escrito no trata de personas, sino de ideas).
Las sentencias públicas siempre tienen un fundamento dependiendo de quién las diga y en qué momento las diga. No es lo mismo el toma y dame de un programa como el de mediodía donde el representante participa en que se tiene que reaccionar en segundos a lo que dice el adversario y con la presión e intervención de un moderador cuyo propósito es entretener antes que buscar verdades. De hecho, tampoco en la televisión tampoco hay tiempo para elaborar o controvertir de una forma inteligente y completa y se trabaja más con la información emocional que le permite al espectador subir las cejas o ponerse en tensión. Pero también están los propósitos de los políticos, que quieren superar la frase del otro participante y en ocasiones, dicen frases tipo cliché para dar la impresión de que se tiene la verdad y el otro no.
Posiblemente Edgar Santana sea un modelo para el representante. Me consta personalmente que le unían lazos de compañerismo político y estuvieron muy cerca en los años en que ambos fueron funcionarios públicos en el mismo distrito que representa Héctor Torres. Como ahora Torres interesa ser alcalde de Morovis, tal vez piense que puede hacer lo que hizo Edgar Santana con su administración (o a lo mejor no lo piensa así).
A mi no me interesan lo que hacen los azules o los rojos. Como investigador histórico, tenemos que ver lo que hacen los funcionarios de nuestra ciudad en sus funciones y no como políticos. Y ninguno es igual al otro. Ni siquiera Marcos Cruz Molina se parece administrando a su homólogo popular, Luis Meléndez Cano. A ambos les correspondió administrar en épocas y situaciones distintas.
Hace unos años atrás, los penepés decían que Luis Meléndez Cano no había hecho nada por Vega Baja. Pero cuando les correspondió llegar al poder, utilizaron el presupuesto que dejó balanceado que luego por muchos años consecutivos terminaron en rojo, el alcalde juramentó en la Plaza que el otro construyó y la celebró en el Teatro América que restauró Meléndez Cano. O sea, que el primer día de su incumbencia recibieron tres strikes corridos con su teoría de la insuficiencia supuesta del anterior alcalde. Y eso fue a una distancia de pasos, que si tuviéramos que ir en vehículo de motor, descubriremos en qué se convirtió el Campamento Tortuguero para los vegabajeños, veríamos estructuras y servicios que no estaban antes de 1973 cuando el alcalde Meléndez Cano juramentó y encontraríamos una ciudad transformada a como la dejó el alcalde Rafael Cano Llovio.
Perfecto, no fue. Que algunas cosas no las terminó y que otras se pudieron hacer mejor, tal vez. Pero era él quien estaba en el poder y junto a una generación de otros funcionarios y empleados públicos, Vega Baja sintió orgullo de nuestra ciudad durante su incumbencia porque se honró el entorno y a los hijos de esta ciudad y hay una labor cultural en general que no puede ser ignorada.
Ser un buen alcalde es planificar, ser honesto y comedido con las finanzas, ejecutar lo que se planifica y mantener la autoestima colectiva alta. No es favorecer solamente a los que demuestran lealtad política y personal, no es creer que el dinero del municipio es una extensión de su presupuesto personal.
Hay otros ejemplos mejores que el representante Héctor Torres (o cualquier candidato de cualquier pueblo, incluyendo a Vega Baja), debe emular por si llega a ser alcalde. Todos conocemos sus nombres: Ramón Luis Rivera, padre e hijo, William Miranda Marín, José Carlos Aponte Dalmau, Mayita Meléndez. Sume a su lista un alcalde novel, pero responsable, precisamente en esta ciudad, que es Marcos Cruz Molina. Un buen alcalde no se categoriza por su habilidad para la tribuna, donde se dicen muchas cosas demagógicas y sin fundamento. Tampoco la exposición continua ni poses con cara de ingenuidad y ni siquiera cuando está acompañado de líderes estatales o de personas señalando con el dedo como que ese es el que es. Esa es la parte en que el político menos está vinculado al ejercicio honesto y dedicado que supone ser funcionario público.
Mis mejores deseos es que el pueblo de Vega Baja como el de Morovis, sepan separar la hojarasca y puedan encontrar la sustancia. Al señor representante, le deseo éxito. Pero escoger a las personas que administrarán la estructura pública no es una fiesta. La fiesta hay que hacerla después que el funcionario rinda cuentas, si lo hizo bien. Porque si lo hizo mal, irá donde están muchos que no entendieron el privilegio de ser electos, de recibir el favor, la confianza y fidelidad de un pueblo que espera que las cosas se hagan dentro del librito del honor que se le concede.