Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La inversión millonaria en esculturas bajo la administración de Edgar Santana, irónicamente, no perseguía un propósito cultural. Hay una lógica suposición de que cada pueblo debe invertir la mayor parte de su presupuesto cultural en realzar las aportaciones culturales y las obras de sus artistas sobre todo, para que la identidad del local se reconozca entre la diversidad de otros 77 municipios y se establezca la diferencia.
Pero la administración de Edgar Santana no creía que la cultura producía dinero, como si el Gobierno Municipal estuviera diseñado para ser un negocio lucrativo. Peor aún, la manera de producir dinero para su asesor financiero, que siempre ganó más que el Director de Finanzas mientras el primero no tenía responsabilidades y el segundo todas, era que había que hacer obras faraónicas (gigantes e impresionantes) para que el electorado llevara la impresión de que se estaba haciendo algo grande para nuestra ciudad. Pero ninguno de los edificios los dejaron llenos por dentro. La ballena era hueca y el marlin dejó de botar agua. La impresión más que la sustancia era lo que contaba para ellos.
En esas obras faraónicas estuvo el caserón inconcluso de la Playa Puerto Nuevo y la Biblioteca Electrónica Municipal, ninguna de las dos terminadas durante su administración de dos cuatrenios. Para adornar el frosting del bizcocho, adquirieron dos fuentes gemelas a un costo de $750, 000 y unas esculturas con diseño de animales marinos a otro costo de $1, 200.000.
Se cree por las autoridades, que la inversión de dinero fue una estrategia para beneficiarse el alcalde, su asesor económico y otros elementos que se enriquecieron con este dinero . Se trata de obras que nunca se terminaron pero seguían presupuestando partidas en distintas fuentes y préstamos para supuestamente culminarlos. Fue un plan de saqueo desde el principio hasta el fin de la administración de Edgar Santana y finalmente, sin ningún fin cultural, ya que los que las crearon son artistas desconocidos, ligados a compañías de dudosa reputación y sin contar con el talento artístico vegabajeño para hacer trabajos que se relacionaran con esta ciudad y no genéricos, como son todas las esculturas realizadas ya que no corresponden a la fauna marina de nuestra costa.
Aquí no hay nada que explicar sino bajar la cara de la verguenza colectiva que nos causa ese triste momento de nuestra historia. En 2004 y 2008 se eligió a un alcalde y ciertos legisladores contribuyentes a ese desastre de gerencia y administración. Esas personas equivocadas para administrar nuestra ciudad eran tahúres que asaltaron posiciones, cargos, empleos y contratos para robar o ayudar al robo autorizando o mirando para el otro lado cuando se cometían los delitos.
La estrategia para la cultura, era precisamente, que no había estrategia.