Por qué no nos tratan igual

THOMAS JIMMY ROSARIO MARTINEZ SONREIDOPor Thomas Jimmy Rosario Martínez

El amigo Miguel Ojeda llama mi atención a un escrito de la periodista Wilda Rodríguez titulado «No tenemos derecho a trato igual»,  publicado en El Nuevo Día. El está de acuerdo con ella y yo también aunque ambos creemos soluciones distintas, él la independencia y yo la estadidad.

En la parte más importante, escribe la dama los siguiente: «Si quieren una opinión más erudita sobre nuestra subordinación y carencia de derechos frente a la metrópolis, los remito al doctor Efrén Rivera Ramos, exdecano de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, cuando se refiere a los famosos casos insulares, las decisiones de la corte suprema de Estados Unidos a principios del siglo veinte sobre los derechos de los habitantes de los territorios, que siguen tan vigentes como antes.  Esas decisiones supremas sostienen que los derechos de los ciudadanos de los estados no son extensibles a los territorios. Vivimos en un estado indefinido de subordinación política en el que no tenemos derecho alguno a reclamar trato igual para nada. Si yo atesorara la ciudadanía americana me sentiría igual de indignada con el amo. Pero sabría cuál es mi sitio y trabajaría obre cómo cambiarlo en lugar de suplicar sobre un derecho falso».

Varias personas se quejan de Estados Unidos por el discrímen en Medicare. Pero el derecho al pataleo no nos brinda derechos permanentes en ningún sistema de gobierno, ni aún en los democráticos. Para poder cambiar estructuras, hay que modificar las leyes injustas. Para el sistema americano, los puertorriqueños somo iguales mientras estemos en territorio de los cincuenta estados y otros lugares como las embajadas . No es que nuestra ciudadanía sea de segunda clase, sino que nuestro territorio, el que nosotros queremos tanto, ellos no lo quieren tanto, principalmente porque nosotros no queremos que ellos lo quieran.

Puede ser que se logre algo forzado por reciprocidad políticopartidistas  que nos deban los demócratas, pero hasta que no cambien las leyes de desigualdad, no estaremos a la altura de los americanos y puertorriqueños de Florida, California y Alaska. Habrá paños de malva pero luego vendrán pensamientos nuevos de americanos que  piensan en Estados Unidos de América primero que todo. Y es natural, porque esa es su nación, la que muchos de los nuestros no quieren y ellos lo saben. Santo que no me quiere con no rezarle tengo, dirán ellos.

La fórmula matemática del asunto de Medicare se conoce como ley conmutativa. El resultado es igual a la suma de sus partes, pero cuando se le resta a las cifras, el producto se reduce. Si nuestro pueblo decide no querer a los Estados Unidos, no podemos hacer que nos quieran mejor. Las personas cometen errores en las sumas y las restas y pueden imaginarse el mejor de las resultados,  pero las matemáticas no se equivocan. Si el Estado Libre Asociado es permanente como algunos han postulado a lo largo de la historia, también y con más fuerza y poderío son los Estados Unidos de América. Y no somos David para vencer al Goliath.

Wilda Rodríguez, pues, tiene toda la razón de su lado. El derecho vigente y las probabilidades matemáticas basamentan sus conclusiones.

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