Quemar banderas

Por Thomas JImmy Rosario Martínez

THOMAS JIMMY ROSARIO MARTINEZ SONREIDOEn el mundo de la anarquía y la intolerancia, de la misma manera que se mantienen presos políticos, se dispara en el Congreso, se trata de matar a los presidentes y al gobernador y se mata en el Cerro Maravilla. También se queman banderas bajo la teoría de que tengo la razón y solo lo mío vale.

Todos esos actos son excesos de unos y de otros. Por

El personaje de Jerry Seinfeld quemando una bandera de Puerto Rico como parte de una comedia
El personaje de Jerry Seinfeld quemando una bandera de Puerto Rico como parte de una comedia

lo mismo que no me gusta que Madonna se restregue la bandera puertorriqueña entre sus piernas o que Mark Anthony la deje tocar el suelo y la ensucie, no me gusta que los símbolos en que constituyen sean profanados.

La historia y la cultura se respeta. Yo les voy a contar una historia que quizás no sepan, pero no me la inventé. Cuando Estados Unidos se posesionó de Puerto Rico en 1898, un grupo de militares americanos y los puertorriqueños españoles, se reunieron frente al Teatro América, que entonces era la Casa Alcaldía de Vega Baja y realizaron un acto público de cambio de soberanía. Se bajó la bandera española y se izó la americana, sin violencia y sin tener que quemar ninguna.

La bandera puertorriqueña que en 1896 trajeron al entierro de José Gualberto Padilla en la Calle Acosta unos patriotas puertorriqueños, fue también profanada y criticada por otros puertorriqueños. Fue la bandera oficial de una o más elecciones donde participaron los nacionalistas y los populares, que en 1952 la izaron por primera vez y la hicieron el emblema oficial, la rechazaron hasta que el Gobernador Luis  Muñoz Marín ordenó su adopción oficial en un gesto de unidad y la izó en San Juan y el alcalde Angel Sandín Martínez por primera vez en Vega Baja.

Las banderas no se queman. Una gran parte de los puertorriqueños que viven en Puerto Rico creen y celebran  la multiestrellada de Estados Unidos de América con un sentimiento especial y con respeto, como militares, empleados federales y boricuas que viven fuera de Puerto Rico. Es una bandera que los mismos populares y los penepeístas, que son la fuerza política mayoritaria la tienen junto a la de Puerto Rico. Muchos la tienen más cerca del corazón que otros, por su significado. Es la bandera que un vegabajeño primer abanderado de Puerto Rico de nuestra ciudad, Guigo Otero Suro llevó a unos juegos internacionales en 1939.

Nuestra historia es incompleta si se omite la presencia de esa bandera americana. Ahí estuvo en el pasado, está en el presente y muchos la quieren para el futuro. Esconderla de los libros de historia para adelantar conceptos de puertorriqueñidad es mentirle a las nuevas generaciones.

Cualquiera en un momento de emoción y de confusión puede quemar una bandera, pero no importa la que sea, no lo debemos celebrar, ni emular.  Hay otros medios en la democracia para dramatizar nuestras necesidades sociales, económicas y políticas que podemos hacer y lograr mejores resultados.

Nunca olvidaré que siendo niño, mi padre, que era Presidente del Comité Local del Partido Independentista Puertorriqueño y cuya ascendencia venía del Partido Popular, tenía un pequeño afiche con la bandera puertorriqueña con una frase que leía !Flotará Sola!. Algunos populares con nombre y apellido le criticaban por ser independentista y por querer que Puerto Rico algún día tuviera una sola bandera. La intolerancia que ví en mi niñez aun está presente en personas  que no pueden ver que en muchas cosas nos podemos poner de acuerdo, como el que se respete nuestra bandera o nuestras banderas y las de los demás ciudadanos del mundo.

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