Por Miguel A. Ojeda Trinidad, Legislador Municipal PIP
Yo no entiendo a los políticos. Nadie quiere los impuestos, ni los populares de allá. Tatito dijo que se sentía obligado y Carmen Yulín que «era un mal necesario». Pero eso es en San Juan. En Vega Baja, el alcalde se arrima a la decisión institucional del Partido Popular por medio de los alcaldes que quieren el impuesto de «iva con esteroides» y la mayoría legislativa municipal se une al alcalde con una resolución de que se investigue aun más las razones para poner o no aumentar los impuestos sin decir lo que tienen que decir que es que los vegabajeños no queremos más obligaciones tributarias que las que nos han puesto, y aun esas, las rechazamos.
La razón principal para seguir poniendo impuestos adicionales es que el 2016 es año de política. Cada día son menos creíbles todas las urgencias y emergencias fiscales que se han inventado. Los propósitos de los recaudos suponen que llevan un camino y en el trayecto se desvían. No hay planes de reducción gubernamental de ninguna manera y menos hay intención de parar la contratación festinada. No es un gobernador confiable ni una legislatura razonable, no tienen funcionarios serios y sin embargo, el Gobierno Municipal de Vega Baja, tanto en el poder ejecutivo como en el legislativo juegan a la lealtad ciega como en los tiempos de Muñoz Marín.
La Legislatura Municipal es el parlamento local. Parlamento viene de hablar con libertad y yo creo en eso. La inmunidad legislativa que nos otorga la Ley Municipal nos permite a todos, incluyendo a los populares, protestar sin consecuencias.
Yo sé que a los independentistas se nos hace más fácil fiscalizar porque no tenemos comisiones a cargo en la Asamblea Legislativa que perder si nos expresamos en contra de nuestro propio gobierno cuando somos el partido que rige, pero hay algo, que se llama honradez y moral propia que nos impide pensar en el beneficio y caché que representan los puestos y los intereses incomprendidos de los que participan de esos privilegios y no quieren dejarlos.
Aunque los partidos nos postulan, los cargos de legisladores municipales nos pertenecen a nosotros. Es nuestra propia inteligencia y no factores miserables los que nos permiten discernir y actuar. No tenemos que ser un sello de goma, de metal ni de fuego.
El éxito de un legislador solamente se da cuando tiene criterio propio y deja de ser parte de una masa demoledora e irracional para ser un ente de cambio. Los vegabajeños no celebran la mogolla, sino la acción determinada y clara. En el asunto de los impuestos, la voz real de un pueblo desesperanzado, no se ha hecho sentir porque le han puesto cortapisas a los legisladores populares de mayoría. Esa es una responsabilidad que alguna vez tratarán de explicar y no lo podrán lograr.
Yo no soy de esa mayoría, para esos propósitos. Pero cuando haya cosas buenas, claras y responsables, los podré acompañar. Mientras tanto no me importa ser un legislador municipal disidente, por el contrario, siento orgullo por ello. Pero me apena por ellos, porque sé que son personas nobles que se creen obligados por sus jefes políticos cuando en realidad nuestros jefes son los ciudadanos que no quieren esa conducta.