El legado que me deja Héctor

Hector Figueroa Casanova 9

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

A la hora que escribo, ayer Héctor Figueroa Casanova estaba vivo. Soy testigo porque él le dijo a su esposa Elizabeth que lo paseara por el centro del pueblo y por causalidad, no casualidad, nos encontramos otro de sus amigos, él y yo. El otro de sus amigos es mi hijo, quien se ha afectado con su fallecimiento. Lo percibí de una conversación que tuve con él hace un par de minutos. Me dijo que también Miguel Ojeda, que está fuera de Puerto Rico, demostró un gran pesar con la mala noticia.

Tengo la suerte de que mi padre fue otro de sus amigos por mucho tiempo. Jimmyto lo conoció por mi pero los unió la música, siendo el que aportó la voz y gestionó los arreglos para grabar sus canciones.

Tengo muchas horas de conversaciones con Héctor. Hace más de cuarenta años le ví en peligro de caer de acuerdo a los convencionalismos sociales y le aconsejé dar unos pasos en su vida, los que le permitieron superar una inestabilidad que le estaba haciendo daño. Continuó luego su vida de provecho que cuando su condición de salud apareció le permitió llevar el mejor tratamiento posible, hasta que la débil resistencia de su cuerpo le cerró las posibilidades. Poco antes de llegar a esta etapa nos reencontramos y disfrutamos entre ambos unos momentos de honestidad personal y espiritualidad de gran profundidad y altura. Con este proceso he aprendido más de la teoría de Dios y el destino de los seres humanos.

Héctor se preparó para su transición. Cuando escribo utilizando esa palabra incluyo la versión física de la transformación de energía y la conversión del alma a un estado más elevado. La muerte es un concepto más reducido, por lo que creo que le ganó a la muerte según lo acostumbramos pensar los seres vivos. Para eso hubo mucha reflexión y tuvo tiempo de pensar. Les aseguro que ese tiempo lo aprovechó y que de acuerdo a la definición cristiana que conozco, se ganó el cielo.

Hay mucho que decir sobre el paso de la vida de Héctor. Hay aportaciones sociales, cuturales, literarias, musicales y de otras clases. Me queda la satisfacción de que mi padre, mi hijo y yo tuvimos mucho que ver con él, porque era un ser con una intensidad de hacer bien y de amar. Lo que compartimos nos queda como una experiencia.  La generosidad que nos brindó con unos objetos y libros maravillosos los hemos estamos compartiendo con los que se nos acercan para buscar el conocimiento y la cultura, pero su legado va mucho más allá y hay que historiarlo.

Ayer a esta hora me dijo que se iba. Su voz trémula y escasa acompañado de unas manos frías confirmaron que el desprendimiento del alma había comenzado. Pienso que quería ver a su pueblo con ojos humanos por última vez y nos encontramos en una hora poco usual para ambos coincidir. Le dije a Eli que literalmente quería irse porque no se sentía bien. MIró a mi nieta con una mirada paternal y tierna.

Hubiera querido tener más oportunidad de tiempo para reanudar nuestros coloquios pero lo dejé ir para que descansara en paz en compañía de quienes les ha tocado la parte más dura de cuidarlo en todo este proceso. A su esposa Eli, a quien admiro grandemente y a sus dos hijas, les aseguro que las tengo en unos ojos húmedos que no quieren secar desde esta mañana, tratando de organizar la memoria que sobre él ha propiciado la noticia de su viaje a la eternidad. 

El impacto que tuvo Héctor en mi vida es más importante que el conocer que su corazón se detuvo en la mañana de hoy. Estoy obligado a decir lo que sé y aun estoy aprendiendo de ese ser polifacético de un gran corazón,  de una mente amplia y una gran espiritualidad, que en los últimos años también nuestra ciudad pudo conocer en su perfecta esencia. Es un vegabajeño ejemplar, respetable y memorable.

Deja un comentario