Los colores de mi pueblo sin la canción alegre del comercial de Harris

PORTALES DE VEGA BAJAGE

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Los colores de Vega Baja se han extraviado de nuevo. Los que piensan que está bien, aplauden y los que no, critican.

En 2005 muchos celebraban la expropiación del Comité del Partido Popular porque era simbólica la caída del poder con la eliminación de su sitio de reunión y lo justificaban con el bien que se le haría con la construcción de una superbiblioteca con todos los adelantos y hasta alumbrada con luz solar. Diez años más tarde, no hay biblioteca, apenas un edificio con deuda y un mantenimiento que no se puede ni presupuestar por ser un costo multimillonario. Igual que las fuentes de la corrupción en el Burger King y la que es igual que está engavetada con las figuras colosales que costaron entre ambas, cerca de dos millones de dólares… y no tienen valor artístico ni económico sustancial.

Cuando el actual alcalde fue despedido por la Directora de la Escuela Superior como excedente y enviado fuera de la jurisdicción de Vega Baja a dar clases, pensaron que la distancia le iba a impedir tener contacto con el pueblo luego de haber ganado la presidencia del pueblo. Ambos cálculos politiqueros y de abuso de poder estuvieron mal planificados porque la historia nos dice que quien no tiene Comité Municipal es el PNP, el alcalde que tanto loaban está preso y el otro que lo sucedió salió con graves problemas. Pero el maestro de historia que desterraron pudo vencerlos a todos y regresar triunfalmente a utilizar todo el poder municipal y ganar el triple de lo que ganaba como maestro, con transportación gratis y muchos otros beneficios.

Si en 2016 gana el Partido Nuevo Progresista en enero hay justificación para que se pinte de azul o un derivado de azul. Si ganan los independentistas, el verde al menos es el color del pueblo. ¿Porqué el exceso? ¿Por la misma razón de que se «marca la diferencia» ?

Hay quien dice que es prepotencia. Otros dicen que es para rendirse a los pies de los jefes de arriba, quienes siguen el mismo patrón de pintura en sus respectivos municipios. De adentro creen que Marcos lo hace empujado por los comefuego de su partido, que lo acusan de ignorar a los que lo llevaron al poder. Obviamente, eso no lo va a explicar el alcalde ni yo lo voy a interpretar. Algunos con nombres supuestos o anónimos aplaudirán como los graciosos animalitos del Polo Sur y otros aprovecharán la oportunidad para aparecer en las redes sociales con comentarios adversos.

Una tercera voz habrá de ponerse al márgen de las alegaciones políticas, legalistas y convenientes y analizará esto desde una perspectiva vegabajeña. Ser vegabajeño es ser inclusivo, nunca exclusivo. Dentro de toda justificación en el panorama antillano, una inversión de colores en la sombra  nos dió la bandera puertorriqueña. La vegabajeña, por el contrario, no fue al azar, hubo que estudiar la historia de nuestro pasado para escoger el amarillo y el verde. Los edificios, como las banderas, sus telas y colores, son simbólicos.

Cuando se trata de una Casa Alcaldía, como dice su nombre, las puertas no deben estar aparentemente cerradas para los que no son populares. La apariencia de ser una extensión del Partido Popular cierra sicológicamente las puertas a muchos ciudadanos que han tenido esperanza en un gobierno que no discrimine como hacían los anteriores.

Decir cosas positivas de mi gente y de mi pueblo, a diario, es  mi mejor orgullo. Ver interrumpido el orgullo colectivo por errores de juicio evidentes, pone pausas que no deben ser. El alcalde Marcos Cruz es mucho mejor que eso. Pero tal vez estemos viendo un flanco débil en una persona  que ha demostrado ser ecuánime, responsable y trabajadora.

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