Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
El Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico ha sido usado como trampolín para financiar negocios privados desde hace muchas décadas. Podemos dar apellidos, nombres comerciales y clases de empresas sin equivocarnos. Ferré, Díaz, Rahola, Las Piedras Construction, fabrica de aviones en Aguadilla, Pollos To-rico, cooperativas, en fin, un catálogo completo y diverso de beneficiados.
El problema de esto es que la costumbre ha hecho la práctica y no se ha medido a la hora de la aportación de los fondos gubernamentales. Donado, prestado, incentivado, es lo mismo para los fines de dinero y valores económicos que se pierden cuando no se pueden regresar al gobierno con los intereses correspondientes por su uso.
Se justifica diciendo que era una empresa necesaria o simplemente una necesidad del pueblo y se sigue haciendo. Los gastos en la publicidad se alientan aunque lo publicitado no sea de ninguna utilidad para el conocimiento, las decisiones ni el bienestar de los puertorriqueños.
En Puerto Rico hay unos problemas que se tienen que atender primero que el gobierno suba los impuestos para hacer más de los mismo. Está claro que el gobierno necesita más transparencia de lo que hace con su dinero y de los inversionistas políticos que día a día se hacen más ricos, empobreciendo al pueblo. Hace falta inversionistas genuinos, que estén dispuestos a producir bienes y trabajo y que no aporten a los políticos para luego cobrar el favor.
No hay otro camino. Lo demás es darle la vuelta a la noria y hundirnos más y más en el podrido negocio del inversionismo político, segundo después del de la droga y con el que a veces se entrelaza.