Religiosos y religiones

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

THOMAS JIMMY ROSARIO MARTINEZ SONREIDOUn religioso cristiano presupone ser una persona felíz. De acuerdo al cristianismo, quien tiene a Dios, lo tiene todo. Y si tienes todo, ¿para qué quieres más? En ese contrasentido, no hay explicación posible excepto los peros que se crean para justificar conductas.

Los líderes cristianos notorios me desconciertan.

OBISPO roberto gonzalez nievesEl Arzobispo de San Juan parece una persona decente. Sé que es el hermano de un vecino de la calle donde resido y que es una persona que se ocupa de su familia extendida. Muchos de sus feligreses lo respetan pero otros creen que tiene ideas demasiado anticuadas para todo. El no reírse como el Papa Francisco hace casi todos los días, le da un aspecto de amargura. Y sus alianzas e ideas políticas crean distancia con algunos católicos y otros que no lo son.

JORGE RASCHKEJorge Raschke es el predicador evangélico más criticado. Se ha hablado de los negocios de sus empresas religiosas, del abandono de su mujer, de un alegado homofobismo y de su creencia en la estadidad. En los últimos años ha mermado el impacto que una vez tuvo su convocatoria al Clamor a Dios, lo que evidencia su decadencia en la estima pública.

AARON MITALa secta conocida por «Mita» tiene una congregación fiel numerosa que se rije por una disciplina parecida a la militar. A su más alto líder se le ha probado una infidelidad y haber rechazado a un hijo homosexual que tuvo fuera de matrimonio, pero no ha habido ningun efecto interno, a pesar de la gravedad del asunto.

Los anteriores son solo tres ejemplos de personas imperfectas que enseñan a sus feligreses las doctrinas para acercarse a la perfección. Pero ellos no lo son. Claro, sabemos que solo Dios es perfecto. Añadams a todos aquellos otros religiosos que por el mismo camino han caído en las redes de la justicia local y federal después de haber caminado las mismas rutas, pero que se han desviado hacia la delincuencia.

Las religiones, en esencia no son malas. Solo son acuerdos de restricciones que se autoimpone el ser humano para encontrar una buena vida en este mundo material y aspirar a una mejor vida cuando llegue la transformación que le llaman muerte o transición. Hay, de hecho, una buena intención de principio y en el proceso de la conversión se lucha contra conductas que se estiman inadecuadas o pecaminosas.

La causa de todos los males es el mal uso del poder. El religioso tiene acceso a bienes económicos y al acercamiento al alma y al espíritu de sus  fieles. En ocasiones se crea una admiración y una fe que se puede corromper por la confusión entre cualquiera de las partes o ambas partes. Ese acercamiento indebido causa un disloque emocional y problemas que deben evitarse desde el principio.

Uno de los atractivos para formar feligresías es el mandato bíblico de que hay que congregarse. Se piensa que si no se une a una iglesia para participar del conocimiento y la experiencia divina, uno se puede perder en el pecado. Para cumplir con eso, uno tiene que ser cuidadoso. Hay sectas y templos que están dirigidos o poblados de personas que hacen más daño que bien.

Cuando un religioso desde el púlpito comienza a arengar a sus huestes con gritos,  no tiene un mensaje de paz. Si quiere encontrarse en una soledad absoluta con un o una feligrés, hay que dudar. Si alega justificación divina para gastar dinero de la iglesia, hay que investigar el destino de los diezmos.

El problema, como les he dicho, es de mal uso del poder. De la confianza que se les presta para lograr unos propósitos comunes, pasan a creerse con todas las atribuciones y a presumir de su contacto directo con Dios para aprovecharse de ellos. Ponga en duda a los sacerdotes y ministros que se les atribuye inteligencia extraordinaria para resolverlo todo o que como fue quien lo organizó todo desde un principio, deba aprobar hasta los mínimos detalles.

La solución está en el control de las instituciones. Que haya más líderes espirituales en torno al líder principal y que se comprometan con las doctrinas que ofrecen a los laicos. Y que su compromiso sea individual con la institución y nunca con la persona,  para que el que falle, sepa que no habrá paños tibios, que tendrá que retirarse como la papa dañada para no contaminar el resto y que donde haya hecho daño, tendrá que repararlo, enfrentando a la justicia, a la institución y al que haya afectado. Una persona razonable y bien intencionada lo entenderá, aceptará y propiciará.

Las iglesias son parte importante para mantener una sociedad en equilibrio. Pero estas no pueden dirigir a los ciudadanos, sólo alumbrar el camino hacia el futuro.

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