Por Thomas JImmy Rosario Martínez
Me gusta que las mujeres se postulen para candidatos electivos. No he tenido ni tengo prejuicio por las damas talentosas y aunque sé que es doblemente difícil posicionarse, lo cierto es que la única mujer gobernadora de Puerto Rico (Sila) tuvo una relación con Vega Baja, las alcaldesas de San Juan (Felisa y Carmen Yulín) han tenido familiares y hasta una de ellas residió en nuestra ciudad en su juventud. La actual alcaldesa de Ponce, Mayita Meléndez es hija de un vegabajeño y María Vega, la candidata a alcaldesa por el PNP en Vega Alta tiene una relación no sólo con ese pueblo hermano sino con el nuestro.
Hace falta más mujeres en la política. Zoé Laboy, aunque no es vegabajeña, es una buena alternativa para lo que se postula porque conoce el sistema federal y estatal, tiene presencia física y es inteligente. Ha jugado con éxito en la política administrativa y sabe del intrínguli de la política partidista. En Vega Baja, no se sabe de precandidatos femeninos. Las opciones ejecutiva y legislativa del partido de mayoría ya han sido copadas por los incumbentes, quienes están cómodos y respaldados. Faltaría ver en los partidos de minoría.
Para cualquier partido político, la mujer es un buen activo. Cuando el potencial se vio en la década del veinte del siglo pasado, optaron por concederles derecho al voto e inmediatamente hubo ejemplos en todos los niveles, excepto en algunas alcaldías como la nuestra. En 1933 juramentaron nuestras primeras asambleístas municipales, que luego han ocupado todas las posiciones, incluyendo la presidencia de la Legislatura Municipal aunque por un corto período de tiempo.
Para las elecciones de 2016 hay que abrirle el camino a las mujeres en todos los puestos posibles. Generalmente no se ven envueltas en escándalos de corrupción, se cuidan de su reputación más que los varones, son más respetadas por su virtud de concepción y crianza y son polifacéticas funcionales.
Creo que teniendo tantas virtudes, los hombres debemos dejar de pensar que somos los dueños del mundo y valorarlas en su justa perspectiva, dándoles el espacio de poder que por mucho tiempo y solapadamente, le hemos quitado.
Así propiciamos un mejor mundo.
