El día después, Alejandro no luce tan bien…

Thomas Jimmy Rosario Martinez
Thomas Jimmy Rosario Martinez

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez, thomasjimmyrosario@yahoo.com

No hay buena recepción al anuncio del Gobernador Alejandro García Padilla. Dicen que fue un truco televisivo mencionando las partes buenas de la reforma y nunca, ni siquiera las dos cifras a que se elevaría los impuestos.

Lo peor no es eso, sino la sátira prolija que se ha desatado contra su persona y sus ejecutorias. La gente le ha perdido el respeto a la persona que ocupa el cargo de gobernador porque consideran, entre otras cosas,  que está rodeado de personas truqueras que le dieren dar una imagen limpia a una persona que no ha demostrado talento en sus funciones. Lo mismo que decían de que Rosselló era un producto fabricado.

Es tan fuerte la crítica, que le comparan con animales de menor capacidad que el ser humano y hasta he visto radiografías simuladas de su cráneo donde lo que tiene en la cabeza no se puede repetir.

Eso es tan grave como los problemas económicos de Puerto Rico. Una persona que hace expresiones inapropiadas de un jefe de estado como cuando dijo que los bonistas no le importaban y luego con tantas iniciativas impopulares, que recibe un regaño por usar su teléfono celular mientras una exgobernadora hablaba y que trastabilla o cantiflea cuando contesta preguntas, tiene un gran problema de credibilidad, que es notorio. No da indicios de ser errores pasajeros ya en la mitad de su incumbencia,  sino de una gran incapacidad para atender asuntos complejos de parte de una persona que parece sencilla y buena.

El problema es del pueblo ahora. Pero en menos de un año será del propio Alejandro García Padilla si decide volver a postularse y del Partido Popular si decide postularlo. Una tercera opción para resolver el problema será en noviembre del 2016 cuando se le someta al pueblo la alternativa de reelección, si pasa los dos momentos históricos previos de autoaceptación y del filtro de su partido. No veo, en este momento que tenga oportunidad. La carga que lleva no es arreglable y el pueblo, que es quien quita y pone gobernantes,  siempre quiere ver beneficios y nunca perjuicios en la labor del gobierno.

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