Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Hace unos días, llegó a Puerto Rico luego de haber cumplido un tiempo en prisión, el independentista vegabajeño Norberto González Claudio. Para un sector de nuestra población, Norberto es un patriota puertorriqueño que ha enfrentado la injusticia de una persecución sistemática de parte de Estados Unidos de América. Otros expresan juicios negativos sobre su conducta y la de los Macheteros. Comoquiera, es un vegabajeño notorio, importante para nuestra historia, que ha cruzado fronteras que muchos no se han atrevido ni a mirar de lejos, para dramatizar lo que el considera abusivo del poder gubernamental y de la indiferencia de muchos de los nuestros.
Los vegabajeños vivimos y sufrimos el carpeteo institucional. Fuimos choteados por nuestros amigos y familiares y juzgados injustamente. En ausencia de conocimiento, nunca nos pudimos defender pero como el mal solo es temporero, se abrieron las oportunidades para que se conociera el funesto proceso del ficheo y preparación de expedientes de los ciudadanos vegabajeños.
Los que daban información estaban entre los nuestros, como Judas entre los discípulos de Jesús. En la gestión política manchaban reputaciones con información que sólo circulaban entre las autoridades, para el tumbe eventual de personas con ideales que no fueran los suyos. No era una cuestión de seguridad, era un asunto de transgredir al ciudadano común poniéndolo bajo vigilancia y establecer todo un récord que posteriormente el mismo Tribunal Supremo de Puerto Rico invalidó y que el Gobierno de Pedro Rosselló terminó reconociendo el mal y ofreciendo una compensación a los perjudicados.
Los hechos que cometió Norberto, de ser ciertos, ocurrieron en los últimos tiempos de esa terrible época de los remanentes de la persecución de la posguerra. En otras circunstancias, la pena de cárcel hubiera sido posiblemente hasta la muerte del acusado. Sale libre en poco tiempo porque hay un estigma que corre sobre los tenedores del poder que igual antes manchaba a los independentistas y a los estadistas.
La vida es así, los que antes acusaban, son los acusados. Lo que era una injusticia, se transforma en justicia. Aun así, no habrá conformidad. Lo importante es que no se repita. Los que miramos de afuera estos eventos, tenemos que ser los vigilantes de que se respete la vida y la oportunidad de compartir todos este mito y realidad que se llama democracia.
