Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
La ilustración que anoche corrió por los medios se equivoca. Es una representación de los personajes del Chavo del Ocho llorando la muerte del Chavo. Pero el Chavo no ha muerto, sino su creador.
El Chavo tuvo sus orígenes posiblemente en la picaresca española. Un niño pobre como la miseria representada en Lazarillo de Tormes, cuyos padres nunca se conocieron y que vivía en un barril, que algunos dicen que era el apartamento ocho de aquel edificio de apartamentos de la vecindad que compartían varios personajes como El Chavo, Don Ramón, Quico, la Chilindrina, Doña Florinda, el profesor Jirafales, Doña Clotilde y el señor Barriga, Algunos eran residentes y otros visitantes, De vez en cuando otros personajes incidentales o en sustitución fueron presentados y en ocasiones, algunos de los actores representaban a más de un personaje.
La serie era entretenida, pero no era ejemplar. Había muchos actos de violencia entre los niños y aun entre mayores a niños. No estaba, empero, abstraída de la realidad de hace muchos años y de la realidad presente.
También presentaba ejemplos de vida con características deleznables como un niño prácticamente en abandono que vivía en un barril en medio de una comunidad de personas insensibles, un truquero y perdedor Don Ramón, una neurótica Doña Florinda, un cobrador de renta, el Señor Barriga, que amenazaba constantemente a los inquilinos y de cómo los inquilinos se burlaban de sus gestiones para no pagar, porque no podían hacerlo. Quico era el niño sin padre mimado y consentido cuya madre violenta se pasaba dando golpes a Don Ramón e inclusive al Chavo, enseñándole a su hijo a ser violento también.
Quizás ahora nadie lo recuerda, pero con el tiempo el programa cayó en descrédito por la violencia y los ejemplos negativos. Pasó lo mismo que muchos de los personajes de José Miguel Agrelot como el del homosexual, la mujer, el militar y otros, que en un principio fueron graciosos pero confrontados con la realidad social, no eran buenas imágenes para seguir. Queriendo tanto a Cholito por la felicidad que nos daba al hacernos reir, muchos no le veíamos defectos en sus mensajes al personificar.
Uno, desde luego, celebra el talento de Roberto Gómez Bolaños. Como les escribí anoche, es un punto de referencia de una vida llena de trabajo y aportaciones a la cultura. Por eso, la ilustración que les acompaño no está correcta. El Chavo, como toda creación, no ha muerto. Está en su obra y la obra es lo que se queda después que el cuerpo se deteriora y la mente deja de producir.
Con toda la carga social que puede significar los pasos de comedia del Chavo del Ocho y sus demás historias, es un reflejo del pensamiento de la época. Tenemos que apreciar esa aportación y volver a ver sus versiones originales plasmados en vídeos, películas con todos esos actores, los dibujos animados y las revistas que se produjeron durante toda esa época de la última cuarta parte del Siglo XX.
Nos daremos cuenta entonces de que el Chavo y la vecindad no han muerto y que Roberto Gómez Bolaños sólo ha pasado por la transición.
