Ariel Cardona| Aclarando conceptos cristianos

ARIEL CARDONA SRBendiciones. Del saque les digo que soy firme creyente en los postulados del movimiento evangélico clásico y me siento agradecido por ello; pero de la misma forma, tengo que señalar que desde hace un buen tiempo, los movimientos evangélicos han asumido unas posturas sociales-doctrinales, empacadas como cliches, que se han vuelto casi en doctrina oficial por muchos y que, en realidad, no tienen base bíblica alguna y que, en realidad, desvirtúan la palabra de Dios, sobre todo, las palabras del mismo Jesús.

Lenguaje Bíblico vs. Lenguaje Evangélico (Pt. 1):

1) La Familia es el Primer Ministerio:

Esa frase la he escuchado desde hace mucho tiempo y solamente en grupos evangélicos. Las palabras «familia» y «ministerio» aparecen sobre 200 veces (traducción Reina Valera 1960). Y en solamente una aparecen juntas y no tiene nada que ver con ese principio. ¿De dónde provino? Para empezar, el problema surge de la definición que se le ha dado al término «ministerio.» Actualmente, la palabra se usa para referirse a CUALQUIER cosa que una persona haga, por su cuenta, con el fin de servir a Dios. Y, sencillamente, eso no es así. Para uno ejercer ministerio, tiene que ser llamado y escogido, no meramente es decir: «yo canto, yo toco, yo hago, yo digo, etc., y eso es «mi» ministerio.» NO. Ese es tu TALENTO, tu OFICIO o tu LABOR; pero no es tu ministerio. Además, los ministerios no son nuestros; son del Espíritu Santo y EL los reparte a través de la Iglesia a aquellos que Dios desee usar. Busquen en Efesios y lean.

Además, LA FAMILIA NO ES UN MINISTERIO. La familia es el producto de un hombre y una mujer que, en el orden de Dios, deciden hacerse uno y dejar un legado. Y creo fielmente en el concepto de familia; pero debemos tener la precaución de no poner nuestra familia por encima del plan y la voluntad de Dios. He escuchado a algunos decir: «entre la familia y el ministerio, sacrifico el ministerio.» ¿Podremos decirle «no» a lo que Dios mismo nos encomendó? Acaso era la intención de Dios crear una disyuntiva en la cual alguien tuviera que escoger entre lo uno y lo otro? Por supuesto que no; pero entonces habría que analizar si realmente fuimos llamados por Dios o si fuimos llamados por los hombres, por nosotros mismos o Dios sabe por cuál cosa. Todos debemos obedecer a Dios; pero si fuimos realmente llamados por Dios para una labor ministerial, entonces le debemos todavía mayor obediencia.

Ahora les dejo unas palabras del mismo Jesús, justo en medio de Su cruzada ministerial en la Tierra:

«Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.
Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;
y los enemigos del hombre serán los de su casa.
El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;
y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará»

«Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar.
Y le dijo uno:He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar.
Respondiendo él al que le decía esto, dijo:¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?
Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:He aquí mi madre y mis hermanos.
Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.»

Continuaremos.

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