Por Thomas JImmy Rosario Martínez DVPR
Cuando uno estudia la historia, puede trazar fronteras de tiempo y una de esas fronteras, la dicta los usos y las costumbres. Hoy día, con la globalización y los medios de comunicación es más fácil repetir cosas que se hacen en otras partes del mundo y permitir que las nuestras se proliferen aun fuera de las islas de Puerto Rico.
Algunas personas censuran Halloween porque no es tradición puertorriqueña o porque tiene antecedentes diabólicos. Yo no se si ambas premisas son ciertas. Lo cierto es que de niño, hace medio siglo, en mi escuela y en la calle celebrábamos, con disfraces, el 31 de octubre. ¿No es eso una tradición? Y lo segundo es que no todo el mundo cree en Dios, o en Cristo y aun siendo creyentes, lo celebran.
La historia hay que contarla con fundamento y no como algunas personas la entienden sin saber los antecedentes y propósito. Los disfraces de Halloween son caricaturas de la propia existencia. De los mismos héroes o antihéroes que en otras instancias como en películas o cómicas nos entretienen.
Por analogía, busquen otras tradiciones puertorriqueñas, incluyendo los días de las madres y los padres y Navidad. Encontrarán que tampoco tienen raíces originarias de la puertorriqueñidad o el vegabajeñismo, pero al darse el espacio del tiempo, les añadimos nuestro sazón y esperamos que lleguen para disfrutarla.
¿Contradicción? ¿Paradoja?