Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Don Julio Meléndez recientemente cumplió noventa años, pero se encuentra en un estado de salud precario. Aunque no hemos podido conseguir información detallada, por medio de las redes sociales de familiares y amigos, se ha dicho que es su estado «terminal».
Meléndez ha sido, históricamente hablando, un punto de referencia para la sociedad vegabajeña del Siglo XX. No sólo ha sido educador, ha sido mentor. Ha sido escritor, pero de todos los géneros, poesía, cuento, novela, teatro. Ha sido también historiador, posiblemente el primero que forjó la historia de la literatura vegabajeña, que en esencia para los académicos no existe, pero que agrupa a todas las manifestaciones del vegabajeñismo literario del siglo XIX y XX. También escribió un excelente trabajo sobre toponimia, además de ser autor de muchos prefacios a libros, escritos en revistas y periódicos de su propia creación.
Julio ha sido un polifacético en el mundo de la intelectualidad y las letras. Es un nombre para honrar cualquier centro educativo en Vega Baja, pero es también un seguro objetivo de investigaciones sobre sus ideas y aportaciones a esta ciudad. Es un forjador de vegabajeños y de Vega Baja.
Es el mejor momento para comenzar a estudiar a Julio Meléndez. Conversar con él era un reto porque con su conocimiento nos derribaba todos los prejuicios y creencias sobre estructuras existentes y nos ayudaba y estimulaba a crecer en inteligencia y buenas obras. Julio también fue un hombre moral, preocupado por todos los vegabajeños que ayudaba con ideas y con acciones, muchas de ellas desconocidas para la gente.
Nuestro amigo merece lo mejor porque era una persona que tras su intelectualidad había una sencillez y bondad en un estilo de vida ejemplar. Yo sé que su descendencia se enorgullese de haber tenido a un patriarca exitoso como él, cuando las probabilidades por su pobreza e incapacidad eran factores para obstaculizar su vida y su desempeño. Ese orgullo es también de todos los vegabajeños. No es exagerado ubicarlo en el centro de nuestra historia como un ícono. Su gran familia no solo era su amada esposa y sus hijos, sino también los discípulos que tuvo al paso de su vida, sus amigos y sus admiradores.
Todas estas palabras que digo con mi corazón, se las dije personalmente hace alrededor de año y medio, pero él no las aceptaba y me cambiaba el tema, por su humildad.
Aun le deseo larga vida. Para mi, noventa años no son suficientes para personas de la calidad humana y formación como es Julio Meléndez. Además, creemos en milagros.