Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
En cada gobierno -federal, estatal o municipal- y en cada rama -ejecutiva, legislativa y judicial- siempre hay personas que por estar en las posiciones mucho tiempo terminan dejando de ser creativos y útiles y por ende, laceran los sistemas y la dinámica de las agencias.
La renuncia de la Directora de la Oficina de Administración de Tribunales es oportuna. Eran muchas las cargas que el sistema judicial ya tenía por causa de su manera de actuar y aun su manera de hablar contestando los asuntos cotidianos. Como jueza, no era una persona fácil. Prepotente, encumbrada y según dicen, oportunista. Ella estuvo rondando cerca de la justicia local y la experiencia en general no era buena para los abogados que postulaban ante ella y la forma como administraba la justicia.
En su posición como Directora Ejecutiva trató de explicar las ineficiencias y las protecciones a los jueces, pero no pudo. Mi percepción es que tapó mucha mala conducta de sus pares y al ser descubierta, dejó de ser útil para sus superiores y para la élite. Lo que la mayoría de los jueces penepés no la quisieran es lógico pensar para una jueza protectora de los jueces rojos y de la política judicial popular que parece nunca terminar acomodando el derecho.
Su renuncia obligada se parece a la de Vicente Géigel Polanco cuando era Secretario de Justicia bajo la administración de Luis Muñoz Marín. El gobernador le envió una carta donde le solicitaba y le concedía la renuncia. Hace unos días atrás unos jueces le expresaron su desafecto a Sonia Ivette Vélez. Aunque técnicamente responde a la Jueza Presidente del Tribunal Supremo, no era bueno estar donde la estaban velando.
¿Estará ella entre los jueces señalados por el Juez Hiram Sánchez en la entrevista que le hizo Nelly Rivera recientemente o habrá sido ella protectora de algunos de esos nombres? De todo esto podemos concluir que la justicia no es ni ha sido ciega, como quieren hacernos creer tradicionalmente.