Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
La Historia del Futuro es una de las clases que más anhelo preparar y ofrecer en la Escuela de la Historia Vegabajeña. La concibo como una síntesis de la historia vegabajeña pero mirando hacia un imaginativo futuro mejor que lo que tenemos. Es, para mi, donde la historia se puede mirar como una ciencia pragmática.
Cuando se vive en el completo análisis de lo que fue y será, a veces se tiene que señalar a medio camino la futilidad de seguir proyectos por razones económicas, perder importancia debido a que hay otras alternativas más de moda o porque el proyecto esté tan mal hecho hasta el momento que no debe haber motivo para seguir invirtiendo tiempo y dinero en terminarlo y mantenerlo (lo que se conoce como costo efectivo).
Hay obras municipales que no echan para adelante. Un año y medio después del desastre que nos dejó la pasada administración en las dos bibliotecas (la que existía y abandonaron y la que prometieron y no cumplieron) y ninguno de los proyectos anunciados se ven. Paños de malva como quitarle la verja de zinc y ponerle una fea y antiestética de alambre eslabonado, de limpiar el área contaminada en la otra y dejar el espacio vacío no parece que pueda llamarse adelanto o progreso.
Hay otros temas de los que nada se dice, como Vega Baja Ciudad Universitaria Bilingue y el recién informado aborto del traslado del Museo del Salón de la Fama del Deporte.
¿Cuál es el time-line de todos esos y otros proyectos? ¿Cuándo se concluirán? ¿Porqué se prometen festinadamente y después el tiempo empieza a dilatarse y nunca se ve su realización?
Tal parece que el futuro tiene dos historias. Una que parece más un cuento o una novela, que es la que dicen los políticos y otra la realidad de la nada.
No digo esto para criticar a Marcos Cruz Molina, que es el incumbente, aunque por rebote algo le toca. Luisito dejó una lista de decenas de proyectos pendientes a corto y largo plazo que nunca se concluyeron porque no había el dinero presupuestado o el presupuestado lo redirigieron a otros asuntos, incluyendo las prebendas de los socios de la mafia del siguiente alcalde. Ivan Hernández inauguró el fracasado cuartelillo de Jardines de Vega Baja, inversión que ni él pudo poner a funcionar en su propia oportunidad de incumbencia y que luego se descartó porque no había personal. El mismo Edgar Santana redujo la Policía Municipal y la Policía Estatal no quiso asignar policías que necesitaban en el Cuartel de la Calle Betances.
La administración de Marcos Cruz Molina ha producido resultados evidentes en muchas áreas. La comunicación de lo que se hace con una Oficina de Prensa superefectiva. El respaldo de los distintos grupos a las múltiples actividades que se realizan, la diversidad cultural, deportiva, recreacional, educativa, social en la oferta de servicios y la seriedad en el manejo de los asuntos laborales y financieros, con errores pero sin escándalos ni desviaciones legales ni morales, son la quimera deseable de todo gobierno pero es la realidad de nuestro gobierno municipal.
Aun con las fallas que de vez en cuando encontramos, es proporcionalmente mejor gobierno administrado que el central y mucho mejor que el último ejemplo creíble que tuvimos con Luis Meléndez Cano.
Tal vez no estemos en lo mejor que podemos estar. Tal vez el futuro no sea tan promisorio como se vio cuando se anunciaron los proyectos que no han llegado. Para cumplir el pasado, solo tenemos que ganar credibilidad en la promesa del futuro. Yo estoy seguro de que no ha habido intención de defraudar y que sólo es que no se marcó la línea del tiempo correctamente. En el futuro hay que quitar el entusiasmo como un factor al hacer los anuncios. Si se quita la suposición infundada, se elimina la ansiedad y es más fácil la conformidad.
Para llegar a esa conclusión es que nos sirve estudiar la historia del futuro, que al decirlo, parece una contradicción porque ambos tiempos están en lugares distintos de la ecuación.