Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Desde que hubo el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, al Pentágono y estrellado el avión secuestrado en Pensylvannia, descubrimos que la seguridad no es absoluta. Creíamos hasta entonces que Estados Unidos era un lugar donde otras naciones o grupos armados no se atreverían atacar sin consecuencia, pero el impacto de un plan monstruoso como el del 11 de septiembre de 2001 era inimaginable. No contábamos con los nuevos kakikases de origen oriental utilizando recursos internos de Estados Unidos para causar muerte y desestabilización.
Eso ya pasó. Sufrimos muchas de las consecuencias y como el mundo es otro después del día menos imaginado, estamos a la merced de que otra cosa ocurra, dentro de un ratito, ahorita o mañana. La conciencia de vulnerabilidad es la lección y la prevención y rápida y efectiva respuesta es la acción a ejercitar.
Los actos ocurridos el 11 de septiembre de aquel segundo año del milenio, han desatado muchas especulaciones y teorías conspiracionales. Hasta el dorso de los billetes se han transformado en forma de aviones para encontrar que están cinco etapas de los ataques en el dorso de algunos billetes.
No nos debemos detener en el dolor que todos hemos sufrido sino en la prevención de más dolor. Cualquier cosa puede ocurrir aunque no repita un ataque en aviones comerciales secuestrados. Terrorismo de innumerables clases, enfermedades, terremotos, fenómenos atmosféricos o marítimos, hundimientos de la tierra y hasta caída de piedras o metales desde el espacio.
Lo importante es la prevención para tener una buena actitud receptiva y combativa cuando el mal ocurra. Y cuando ocurra, no pensar en el 911 como un símbolo de destrucción y desolación, sino como uno de muchos instrumentos para hacer el bien y comunicar cuando haya la emergencia.