
Creo firmemente que debe existír algo más allá de una simple acusación de ineficiencia de nuestra parte a los gobiernos que administrarón y administran nuestros recursos y que probablemente desconocemos respecto a la naturaleza de su funcionamiento que no necesariamente está atado o vincula al gobernante de manera negativa.
Me resisto en aceptar que un gobernante con buenas intenciones para este páís «motu propio» , desvirtúe lo que juró defender y mejorar, es en la totalidad del intricado mundo del aparato público administrativo donde finalmente se toman las últimas desiciones, esas que van más allá de las buenas intenciones que el gobernante desea implementar.
No me parece que sea casualidad, que habiendo sido gobernados por buenos puertorriqueños en su mayoría sino todos, tengan el rechazo del Pueblo. Se ha escrito ríos de tinta de las cosas negativas que nos trajeron a estas «riveras». No obstante siempre hubo un denominador común para que nosotros accediéramos por medio del sufragio a favorecerles como nuestros guias en asuntos de política y conveniencia.
Más bien es causalidad lo que lleva a que la percepción de nuestros gobernantes varíe, esa causalidad que vive y espera pacientemente a su presa dentro del corazón de «la bestia» que llamamos administración pública y termina por devorar a sus domadores y con ellos nuestras esperanzas.
No, no creo que el gobernador Alejandro García Padilla sea culpable de nada, francamente no lo es, tampoco nosotros por elegirlo, es simplemente lo antes escrito. Responsabilizarlo de todo lo acontecido, entonces habría que hacer lo propio con cada uno de los anteriores gobernantes, que como él, llegarón con ideas de cambios para favorecer y terminaron desfavorecidos más que por el monstruo de la cosa pública, por el Pueblo que depositó la confianza.
Es causalidad cuasi obligada la responsable, eso se remonta a los principios de la implementación del desarrollo y orden político de nuestro país, que con el tiempo y las mismas causalidades han sufrido cambios y alteraciones para la sustentación y el crecimiento desmedido del propio aparato público.
Es esto lo que enfrentan nuestros gobernantes al llegar con baúles repletos de ideas y en sus compartimientos los cambios tan necesarios. Es la causalidad lo que permea todo cambio, toda propuesta, todo movimiento hacia, y de cara al futuro, es la causalidad «márbida» dentro de la administración pública en general, la que finalmente dictará como habrá de ser manejados nuestros recursos, sin brindar oportunidades al que llega ávido en servír a su Pueblo ..
Continuaré…