
Sobre El Caribe , poeta que defiende de las afrentas del poeta español
Manuel Palacio.y que ayudó a cuajar la conciencia nacional en el siglo XIX con su polémica.( Un rasgo de su vida)
Jose Gualberto Padilla, El Caribe, muere a los 67 años en Vega Baja, a las 10 de la noche un 6 de mayo de 1896 ; golpeado espiritualmente por dos grandes dolores, el de la patria, frustrada en sus ansias libertarias; y por la trágica muerte a los veinticuatro años de su único hijo varón, José Luis, que había sufrido el contagio de una enfermedad incurable mientras estudiaba derecho en Madrid. Su hijo muere en Puerto Rico luego de dos años de agónica convalecencia ante la profunda angustia del médico y el corazón roto del padre.Este fragmento de un autógrafo suyo, su última composición poética, revela su dolor.
Bella señora, quizás,
Enojada estáis conmigo:
Me llamaréis falso amigo
Y tornadizo además.
Hay ya dos años muy largos
Que está vuestro albúm aquí…
Ay! ¡Han sido para mí
Esos años tan amargos!
Un hijo sólo tenía…
¡No lo tengo ya señora…!
Murió… ¿comprendéis ahora
Mi marasmo, mi atonía?
Joven, gallardo, discreto,
Era aquel hijo a la vez
Orgullo de mi vejez
De mis afanes objeto
Y padre y médico al par
Ha sufrido el alma mía
Dos años de su agonía
Sin saberlo remediar…
Madre sois también…juzgad,
Y ante mi dolor insano,
Al seno llevaos la mano…
Comprended y perdonad.
En 1929 la Revista Índice le dedica un número en su centenario y reconoce su sino al expresar, “Y él sereno y altivo sólo vivió para luchar y sufrir” y su valor literario al señalar “He aquí una gran frase suya : “ Los grandes sólo son grandes para aquel que se arrodilla. El era grande por sí, por su talento, por el vigor de su estilo, por la originalidad de su inspiración luminosa”.
Por su personalidad carismática, su palabra enamorada de la patria y combativa contra las injusticias, el nombre de El Caribe se dio a conocer en todo el país. Su muerte causó hondo pesar en el país y su cadáver estuvo tres días expuesto en capilla ardiente para que personas de toda la isla le rindieran póstumo tributo. “A petición del pueblo, el féretro fue paseado por todas las calles de la población en manifestación solemne; y hasta se facilitó un tren expreso que salió de San Juan a Vega Baja para amigos y admiradores.”
En honor al patriota, en su funeral se enarboló por primera vez en un acto público la bandera de Puerto Rico. Fue un entierro en que se volcaron todas las clases sociales.

Los presos, a quien El Caribe visitaba diariamente, conmovidos por la partida “de quien había sido su médico y lector de poesía, al pasar el féretro por frente a la cárcel, entonaron una oración fervorosa tras las paredes de la prisión.” Constancia de ese aprecio se corrobora en una nota de duelo enviada por los presos que fue publicada en el periódico El País, diario autonomista, el jueves 28 de mayo de 1896.
(Fragmento del Prólogo del libro Para un Palacio un Caribe, Elsa Tió)