Luis A. Mejías Astol: Noche de la Víspera de San Juan

LUIS MEJIAS ASTOLVoy a mudar mi puesto de lugar. Recojo la toalla playera y la sacudo suavemente para que no le caiga arena encima a los demás que estaban a mi alrededor. Oigo carcajadas alegres y bulliciosas… pero no soporto la clase de música que ensordece mis oídos. Quiero música suave, romántica, que despierte mis otros sentidos en esta noche especial. Quiero oler a salitre y sacudirme las algas que adornen mi cuerpo cuando salga de las aguas cristalinas. La neverita tiene aguante y se puede libar en ella ese olor característico de destilería. Me muevo un poco mas cerca de las olas.. si tirando hacia la salida del manglar pero en la orilla limpia , donde pueda jugar con la arena en mis manos.. La música esta mejor… es mas tibia y cadenciosa al sonar de unos timbales.. Algunos se guillan con el «karioqui» de cantantes románticos.. Que vacilon tienen montao.. por mi madre que se oyen bien. Yo creo que se me están embotando los sentidos. Veo que los marullos se me acercan y mojan mis pies.. es mas siento que no mojan sino que acarician mi piel… Abro la nevera de foam que me acompaña. Vaso. liquido y el hielo al caer dentro hace salpicar el liquido en mi mano. La relamo suavemente. Chasqueo la lengua con delicadeza. Y el romántico cantante se envuelve con el sonido musical… muy inspirado. Me levanto, tomo varios tragos. Los piso con la verde del amolao de Cataño, de verdad que con la calor que estaba haciendo eran refrescantes. Me vuelvo a sentar frente a las olas, un par de tragos mas mintras sigo escuchando la música. Cierro los ojos envolviendome en los pensamientos, cuando siento que una mano húmeda agarra mis dedos y me hala hacia el oleaje tenue. Es una invitación al mar y me adentro en sus aguas lentamente, sin prisa… saboreando el manjar de los dioses sintiendo el tibio cuerpo de la playa del mar de Cerro Gordo…. son las doce de la noche.. y la gente se lanza a las aguas en rica tradición y costumbre… Salgo, tomo la neverita menos pesada y dando traspiés busco la salida. Atras quedaron los timbales, el karioqui improvisado y una mano agitándose en el mar en despedida. La vi zambullirse dentro de las aguas… Mitad pez mitad mujer. Me detuve en el camino y me sacudi con la toalla las múltiples escamas que en mi pecho, en las piernas y en el traje de baño tenia. 

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