
La derrota del candidato a la presidencia del PNP en Vega Baja Tito Cordero en las urnas se puede considerar como una pérdida del orgullo por lo que somos como Pueblo, prefirieron a un extraño.
La derrota de Tito se le puede atribuir a varios factores controlables que no fueron puestos en vigor.
Análisis;
- Una pobre o ninguna promoción por escasez de recursos económicos.
- Un pasado historial de participación política menguada.
- Desconocimiento de cómo proyectarse entre sus seguidores.
- Una desinteresada estrategia política basada en una campaña en décadas pasadas.
- Comenzar una campaña con un doble propósito sin haber alcanzado el primero.
- Ausencia de personal a cargo de mantener las huestes fervientes.
- Falta de movimiento personal, constantemente a través del casco urbano y la ruralia.
- Descansar sus intenciones y propósitos en el regionalismo.
Si bien es cierto que esta serie de factores entre otros pudieron haber catapultado a la derrota de Tito Cordero como presidente del PNP en Vega Baja, no es menos cierto que él como persona posiblemente no sucumbió a las tentaciones monetarias para evitar su derrota. O quizás los inversionistas políticos no lo querían a él.
Tampoco puedo dar fe que no haya sido convidado, pero a juzgar por los años que lleva en política activa nunca se ha escuchado nada negativo de su persona que lo vincule en actos de corrupción.
Como tampoco puedo decir categóricamente que el vencedor recibió dinero para su campaña, pero sí que fue visto y retratado en un restaurante con Andrés San Miguel, un reconocido y recordado individuo, descarado usurero inversionista político, que luego de ser cómplice de actos criminales en uno de los escándalos político y financieros más grandes que se hayan dado en este país, y cometidos en Vega Baja, declaró en contra de quien llevo de la mano y sedujo por dinero, evadiéndose malsanamente el miserable vía su testimonio de la cárcel. Y todo esto es razón suficiente para los vegabajeños desconfiar de quienes se relacionen con esa clase de personas.
“Dime con quién andas y te diré quién eres”
Tito Cordero perdió por disposición anticipada. Si aún con todas las evidencias a su favor no pudo conformar un respaldo masivo, denota debilidad de futuro. Este no es el perfil de un futuro líder, mucho menos el de José Galán.
La unidad de los partidos no puede estar sujeta en el llamado de los candidatos derrotados y de los vencedores para que los seguidores de ambos bandos dentro de la facción política hagan causa común si existe una fisura de años dentro de la propia estructura.
Esa fisura es la que ha mantenido al PNP secuestrado en Vega Baja, por enconos desde los tiempos de PNP’s con Luisito. Hoy la misma es visiblemente marcada, debido a que personas mucho más desconocidas para la ciudadanía en asuntos de política, pero a su vez reconocidas vividores políticos, se dieron a la tarea de prostituir el ideal progresista, sustituyéndolo por uno de carácter individual y personalista.
Resultará preocupante que Tito Cordero y su némesis de partido José Galán pudieran tener aspiraciones por separado para una candidatura a la alcaldía vegabajeña. Algo en lo que debe concienciar el Pueblo progresista, el electorado. Deben exigir un verdadero cambio de futuro, de liderazgo.
Para Tito Cordero le llego su final político, a menos que al igual que José Galán el de Toa Alta sean premiados por el PNP a nivel central, si ganan los comicios del 2016, idénticamente como lo hicieron con Elsie Valdez con aquella ilusión de zona libre de drogas en nuestras escuelas y otros directorados “o premiaciones” que le regalaron “por su sacrificio”
Si los amigos progresistas de Vega Baja quieren y desean una verdadera unidad de partido para así llegar sólidos a enfrentar al candidato de la oposición, desde ya tienen que enfrentar con todo y el derecho que los asiste, a la maquinaria obsoleta y desgastada que se posesionó, qué a sabiendas no tienen opción de prevalecer, poco les importa si destruyen y traicionan una vez más el ideal de progreso, y con ello los sueños de esos electores.
Que sepan que los partidos son del Pueblo, y no sus líderes dueños de los partidos.
Edgar Orilla