Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
En el Partido Nuevo Progresista hay «tiraera». Son dos grupos donde parece que al final de la jornada no habrá unión, pues se están lastimando. Eso no es bueno para ninguna colectividad político y puede ser detrimental, a la larga, para la carrera política de los candidatos.
Tito Cordero nació en Vega Baja y se le conoce por ser deportista y comerciante. No prevaleció como precandidato a representante en una oportunidad pero siempre ha estado cerca de la colectividad. José Galán proviene de Toa Alta y hace varios años que vive en Vega Baja. Ha sido luchador de Lucha Libre, guardia de seguridad y llegó a ocupar el puesto de ayudante del alcalde de Vega Baja, destinado a Deportes y Recreación.



Públicamente, solo a Galán se le vincula con el inversionista político Andrés San Miguel por un retrato en el que él admitió un encuentro casual junto a Alexander Gandía, quien renunció inexplicablemente a su candidatura a Presidente para unirse a él. Ahora se dice que el contar con propaganda, equipo y transportación notoriamente costosa, se debe a la aportación de San Miguel.
A Galán se le atribuyen prácticas desleales y predatorias, de que en su campaña no hay límites para hacer comentarios de parte de sus seguidores contra Tito Cordero, de tener «reconocidas turbas» dentro de su equipo de trabajo, de hacer anuncios en el Internet con arte negativo y de tener dentro de sus seguidores a personas con funciones electorales que debieran ser neutrales. Ahora se suma eso a las declaraciones de Tito de que no favorece una encuesta que se está haciendo o se va a hacer porque no se le ha consultado.
Yo conozco al Partido Nuevo Progresista desde el principio porque estuve allí. Primero como espectador y luego como partícipe político y administrativo. La situación antes era así y no sólo en este partido sino en todos. Quien sueñe con unidad, perderá la noche en vela.
Las luchas internas dentro de los partidos reflejan la moral del candidato. Cuando hay insuficiencia, se ataca la personalidad y vida del contrario para demostrar que uno es «el menos malo» y ser pues, la selección apropiada. Y eso también sucede en el nivel central del Partido Nuevo Progresista. Pierluisi y Ricky están en ese plano, uno hablando de experiencia y el otro insinuando cambio generacional.
En el Partido Nuevo Progresista ha pasado desde la primera elección en 1968. El sistema electoral no estaba tan sofisticado como ahora, pero las peleas, celos y el quítate tu pa’ ponerme yo, siempre se dieron. Las razones eran, entre otras, el poder económico de unos y la pobreza de otros, el racismo, el interés del poder como un medio de obtener bienes, la religión, las claques, los complejos y la insuficiencia. Esto último estuvo antes y está ahora y tenemos que detenernos a ver este factor.
El que gane esta elección el 8 de junio se tendrá que enfrentar, posiblemente, a Marcos Cruz en 2016. Para ese tiempo, si sigue como va, este habrá cumplido con todos los requisitos de un buen administrador. Ese es el primer strike para cualquiera de los dos candidatos a alcalde por el PNP, si no rechaza que se administró mal de 2005 a 2012 por el partido que representa y que nada tuvo que ver con el desastre económico municipal de los dos alcaldes penepés. Creo que por no haber sido parte activa, Tito está en mejor posición que Galán.
Lo segundo es que debe probar que ha sido buen administrador en lo poco para ser acreedor de lo mucho. Antes era un asunto de percepción, hoy día hay documentos y distintos medios distintos para saber si la persona ha contribuido con sus aportaciones contributivas sin fallar, si ha tenido éxito en sus negocios o si meramente aspira a la alcaldía para tener controlado el poder de poder disponer del dinero del pueblo y tener un trabajo bien remunerado.
Lo tercero que debe tener es un historial de liderato en Vega Baja. He dicho antes que no importa que haya venido de afuera o cuánto tiempo hace que vino, pero su conducta social y su capacidad de influir en grupos sociales es un medio de reconocimiento.
La alcaldía es como una corporación. Un alcalde ocupa la Presidencia de la Junta de Directores y es a la vez el Director Ejecutivo. Es un trabajo complicado que requiere mucha inteligencia y buenas costumbres. Distinguir lo que podrían ser influencias económicas desde que se es candidato se hace desde que se es candidato. Ser honesto con los seguidores, después reflejará una buena relación de confianza con los ciudadanos. Poder controlar en una campaña a los partidarios de que no lancen lodo al adversario, dice mucho de cómo un alcalde podría tratar a todos los ciudadanos, aunque provengan de pensamientos distintos.
Esta campaña para la presidencia nos permite ver la calidad de los dos candidatos. Para ser prácticos, tenemos que visualizar, con los ejemplos que nos dan, cómo serían si alguna vez llegan a ser alcaldes.
Sólo quedan dos años para tomar la decisión si queremos cambiar de alcalde y los novoprogresistas hasta el 8 de junio para distinguir la clase de candidato que presentarán el primero de noviembre de 2016. Un error ahora, aunque venga la ola azul, sepultará a cualquiera de los dos, pues el pueblo, que es más numérico que los partidos individuales, está observando y cada día quiere más seguridad en los que nos gobiernan.