Ideario Vegabajeño| Maritza Beatríz Ramírez Cruz| 2014

elsia cruz torruellas y sus hijos

Soy una maestra de teatro

(Un año después…)

Hace un año ya de esto…, donde tuve que tomar una de las decisiones más difíciles de mi vida. Dice un historiador romano que «cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones drásticas son las más seguras”, nunca he estado muy segura de esto. Me encontraba entre aceptar la ofensa hacia el arte y mi profesión o bajar la cabeza sumisa ante una indecente imposición.

Nunca antes me había encontrado en una situación así, donde el liderazgo profetizara tanta ignorancia e incompetencia dogmática. Con hermosas sonrisas, abrazos y entonaciones dulces, podían llevarte al más abusivo de los paredones emocionales. Lo más difícil, fue dejarlos a ellos, a mis estudiantes, quienes se quedaban allí para ser moldeados y estandarizados, quienes tenían aún tanto por expresar.

Uno de ellos me dijo “váyase y vuele”, una llegó a decirme “no sea cómplice de esto” y cuando tomé finalmente la inevitable decisión, leí un mensaje que decía, “gracias por esta gran lección”. Como amé y amo a esos chicos únicos, con los cuales viví momentos inigualables y hermosos. Los vi crecer y enamorarse del teatro.

Los vi cuestionando, indagando y sintiendo a través de él. Supieron de su magia y de su compromiso social. Y rompieron patrones, esquemas… y fueron genuinos. Investigaron, leyeron, analizaron y escogieron aventurarse y bailar entre tambores nacionales e históricos. “No valores”, “no cultura” dijeron, ante semejante joya histórica-dramática, orgullo patrio, mientras defendían cierta filosofía cristiana que tildaba a la magistral pieza teatral de “demoníaca y provocativa”.Bastaba comparar el análisis administrativo, vacío e invadido de prejuicios y desconocimiento cultural, ante el análisis investigativo y estudiantil, empapado de exquisitez y calidad.

Y mi tiempo terminó, ellos mismos, de la forma más madura y hermosa, me lo dejaron saber. Y ellos mismos, me mostraron el camino. Algunos ya han abandonado el espejismo del nido. Otros, esperan por hacerlo, y espero que cuando lo hagan, posean todas esas cualidades que habían desarrollado y conquisten sus sueños como solo ellos sabían hacerlo. Ahora, entiendo, que tomé la mejor decisión.

He encontrado un nuevo hogar, Barceloneta. En este hermano pueblo, junto a Teatro Campo, en mi amada Vega Baja, me he vuelto a encontrar. Volví a mis raíces. Al teatro en el que creo, en ese que cambia, que toma partido, que escudriña, demanda y debate a nuestros tiempos, que puede ser dulce como irreverente, que te susurra, te escucha, te grita, te mueve, en ese que despierta, que desata, consuela o enfurece. Hoy, no sé si las determinaciones drásticas sean las más seguras, pero sí, que cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones drásticas son necesarias e inevitables.

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