Introducción por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Comenzamos esta serie de escritos publicados e inéditos sobre el Vega Baja filosófico, de ideas que fueron luces para el futuro o conclusiones para el pasado con valor de la reflexión.
Este corto ensayo de Bautista de la Cruz Sierra fue publicado en el Programa de Fiestas Patronales de 1963. El autor era un jóven abogado que fue precandidato en primarias por el Partido Popular a la candidatura a alcalde en primarias contra el entonces incumbente Rafael Cano Llovio y que después emigró al Partido Del Pueblo. «Bauta» se destacó en su carrera como abogado pero también como deportista, siendo apoderado del Equipo AA de Vega Baja.
Hace unos meses atrás tuve la oportunidad de compartir con él en el Hospital de Veteranos. Reside en Montecarlo disfrutando de su retiro con su esposa, sus hijos y nietos.
El contenido del escrito de hace medio siglo reafirma el vegabajeñsmo histórico, la fuerza que nos une.
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Vega Baja en el Panorama Puertorriqueño
Hablar del SER de cualquier ente no es tarea fácil y menos aún si se le pretende hacer cumplir la justicia. Sin embargo he decidido plasmar en este cuaderno algunas impresiones en relación a mi pueblo de Vega Baja. Impresiones éstas enfocadas desde el punto de vista cultural general, esta es material y espiritual, sin pretenciones de recoger todos los méritos que en el trajinar cotidiano de nuestra ciudadanía presente y pasada se han ido atesorando para hacer de nuestro pueblo lo que es.
Hablar de un pueblo implica necesariamente al hablar de sus ciudadanos que son los elementos irreductibles que dan a aquel el nivel cultural que ostenta. Vega Baja, es el producto de dos generaciones, la presente y la pasada. La generación pasada la componen todos aquellos conciudadanos que en una u otra forma han dejado huella peremne en nuestra cultura de pueblo. Mencionar estos ilustres del pasado por sus nombres no es el propósito de este escrito y menos puede serlo por el temor de dejar alguno preterido y rayar así en la injusticia.
Mirando el presente, Vega Baja se nos aparece como un pueblo progresista, en todos los órdenes de la vida, con toda la rigurosidad significativa que dicho vocablo entraña. Vega Baja resulta ser un pueblo que desea a toda costa acelerar y alterar el ritmo que regula el adelanto y el progreso pausado de todo pueblo. Ese empeño por derrotar las fuerzas que regulan el proceso normal de un pueblo es el fruto, como queda dicho de su ciudadanía tanto la presente como la pasada. Alegra grandemente el haber tenido en nuestro pasado grandes hombres. Hombres estos que se distinguieron en todos los campos de la vida de nuestro pueblo, legándonos su acervo cultural, plasmado en nuestras instituciones y forma de vida. Sin embargo esa alegría, ese mérito fundado de esos suministros culturales del pasado, no debe opacar bajo ningún concepto, los logros culturales de la generación presente ya que es ésta la que más puede aportar el engrandecimiento de nuestro pueblo.
Los grandes del pasado pertenecen a la historia y ;lo por estos hecho, hecho está, sus méritos no necesitan exaltación, la realidad presente los acusa y ellos no preocupan y a nadie deben preocupar. sus méritos ya están. Lo que debe preocuparnos y lo que me preocupa es el futuro de nuestro pueblo, el devenir, el otro lado de la frontera del presente. Dejar buenos conciudadanos respetuosos de la ley y amantes de todo lo virtuoso debe ser nuestra principal misión en esta época en que los valores empiezan a bambalearse y donde el mundo amenaza caos por su constante inestabilidad.
Esta preocupación por el futuro de nuestro pueblo no es del todo agudo y pulsante y esto lo creo así por la calidad del potencial humano del presente. Este potencial humano que atesora nuestro pueblo, a diario se manifiesta, de deja palpar y sentir a través de las ejecutorias de nuestros conciudadanos. Es innegable el auge educacional de nuestro pueblo, aún el jíbaro que nunca aprendió a leer y escribir se interesa por dejar testimonio escrito de su deseo en aprender al menos escribir su nombre.
En nuestro pueblo, las instituciones están al servicio de la ciudadanía y desempeñan sus funciones con altura y seriedad marcados. Los órganos del gobierno cumplen cabalmente su sometido, la escuela se esmera en hacer del niño un hombre provechoso y cirtuoso y cada eslabón de nuestra sociedad aporta su principal. Así, pues, el obrero es laborioso y el estudiante aprovechado; no hay lugar para el crímen y la delincuencia y la ociosidad se encuentra en la orfandad.
Estas realidades y otras que no es dable mencionar, no resultan del aleo o del azár, sino que son el emergente de la calidad cultural de nuestros ciudadanos. Es innegable que todo pueblo progresa a medida que pasa el tiempo y que el progreso de un pueblo guarda cierta proporción con el adelanto general de su país, pero tampoco es menos cierto que además de ese progreso casi natural y automático, existen ciertos resortes internos en la ciudadanía que hacen posible acelerar el ritmo de dicho progreso. Este es el caso de Vega Baja, si medimos el progreso no desde el punto de vista de grandes construcciones materiales y si por sus grandes logros intelectuales, morales y espirituales.
Vega Baja resulta ser más que nada un pueblo de atletas del intelecto, donde la industria principal es la educación constante de sus hijos. Tal vez alguien no sienta el sabor de lo que acabo de decir pero basta detenernos un momento y pensar sobre el gran número de profesionales que nuestro pueblo ha dado verbigracia, doctores, ingenieros, abogados, profesores y los más aquellos o quienes la vida misma ha enseñado a ser profesionales.
En Vega Baja lo tenemos todo, sólo necesitamos colaboración activa y militante de parte de nuestra ciudadanía en la medida de sus recursos y continuar así el auge progresista del mismo !Adelante!
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