Lecciones de la historia en el asunto del Consorcio

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR

Thomas Jimmy Rosario Martínez por LuigiMarcos Cruz Molina tiene un estilo de gobernar a su puebloConsorcio 1 y ese mismo estilo lo llevó al Consorcio Dorado-Manatí. Nuestro alcalde trató de reformar la institución siendo estricto con su reglamento, justo con los empleados y manteniendo unas finanzas impecables en un momento en que heredó un presupuesto agotado y amañado. Notorias son las múltiples actividades que ha generado el Consorcio desde su incumbencia. La dupleta con Janet Miranda yo creo que fue efectiva. Aparentemente, todo se hizo «por el libro».

Una carta de los empleados confirma el buen trato recibido en estos meses. El Diario Vegabajeño, por su parte,   está lleno de avisos y anuncios que publicamos. No hay a esta fecha ninguna querella, queja y ni siquiera un pronunciamiento de alguien con nombre y apellido, respetable dentro de la Junta o de la institución que sea adversa a las funciones desempeñadas. Ese es el récord. Los nuestros triunfaron en su encomienda, contrario a los rumores previos sobre una negligencia o incapacidad que también publicamos en este Diario al principio de la semana.

Aunque el alcalde no se ha expresado sobre el particular, la maquinación ya estaba preparada desde el principio en que Marcos Cruz asumió la presidencia de la Junta del Consorcio. Para la fecha en que se celebró el Abrazo Popular en Tortuguero, ya el runrún sobre la eventual decapitación corría. La misión política a los alcaldes penepés prevalecientes en la pasada campaña electoral de 2012 era tratar de retener el mayor poder posible dentro de los consorcios y agencias que incluyen varios municipios como Head Start y eso continuará hasta las elecciones de 2016. El hacer alianzas en una situación de paridad, es lógico.

En Vega Baja sabemos lo que hizo el alcalde de Manatí en 2005, cogiendo de tontejo al alcalde Edgar Santana, quien había sido su empleado y donde aprendió a ser el tipo de alcalde que fue. Llenó la nómina municipal y otorgó contratos con gente de Manatí y de su partido sin talento ni vocación de servicio público, que no votaban ni sentían por nuestra ciudad. Encima de eso, Edgar regalaba bienes y servicios municipales a otros municipios penepés, circunstancia que en repetidas ocasiones denunciamos desde estas páginas.

Edgar admiraba tanto al alcalde Bin Manzano que adoptó la megalomanía de hacer obras faraónicas inoperantes y sin dinero al estilo del Coliseo de Manatí  con la injustificada expropiación del Comité del Partido Popular y la edificación para una superbiblioteca rimbombante y costosa que no ha servido para nada y que necesita cada vez más dinero para terminarse.

Ese golpe bajo de un compañerismo falso es el mismo oportunismo del alcalde de Vega Alta, Isabelo (Chavelo) Molina al operar un Head Start a cuenta y costo del Municipio de Vega Baja, y no cumplir sus obligaciones con el programa. La lección que se aprende con lo del consorcio y la historia pasada, ya la tenemos:  no necesitamos hacer negocios con los demás alcaldes donde no haya una garantía de que el trato sea igual y que el beneficio para Vega Baja sea evidente, aun cuando sean pueblos del mismo color del partido del incumbente.

Los conceptos de puertorriqueñidad y regionalización no corren en un ambiente de solidaridad, sino de competencia. A los demás alcaldes del consorcio, rojos y azules, no les importaba ni querían que las cosas se hicieran bien si no les beneficiaba a ellos sobre otros. El intringuli estaba en las decisiones pequeñas de día a día, como por ejemplo, la contratación de empleados, para los que se presupone unos requisitos que acostumbrados a que no se respeten por el uso y costumbre, pretendían que se obviaran para colocar a sus favorecidos. La regla implantada por Marcos Cruz era la imposición de la legalidad, el respeto a lo que ya antes se había acordado y reglamentado.

Al alcalde le hicieron una encerrona. Botas a Janet y te quedas como Presidente. Pero a Marcos Cruz no le interesaba el poder por el poder mismo, sino para mantener un órden institucional y que todo fuera lo más equitativo posible para que el programa tuviera vida futura. Como no podían imponer el reglamento como estaba, el mismo día de la sustitución lo enmendaron para validar sus actos. Hasta ahí llega la inmoralidad de esos gangsters. Janet Miranda no había hecho nada incorrecto ni tenía señalamiento alguno, por lo que nada le impedía volver a su trabajo de carrera. Ella sabía lo que hacía y cómo lo hacía y su renuncia fue también un acto de dignidad. Ambos hicieron lo que tenían que hacer por lo que se convirtieron en enemigos de los insuficientes.

Marcos pudo haber renunciado pero no haberlo hecho fue una decisión inteligente para la historia del Consorcio, pues pone en evidencia la pobre calidad moral de sus iguales en esa institución. La carta bajo la manga de nuestro alcalde es que sabe estar en una dirección planificada exitosa, pero también es un estratega de la minoría. Tiene un extenso récord de aciertos como fiscalizador, lo que probó como Portavoz del Partido Popular en una Legislatura Municipal controlada por el Partido Nuevo Progresista y con una popular resentida por la derrota en unas primarias que nunca se le unió en su lucha solitaria. Esa lucha, que yo conozco muy bien, pues lo acompañé en sus deliberaciones sobre la solución de problemas para Vega Baja desde su honroso banco, lo llevó sin duda al gran triunfo electoral de 2012.

Como no lo pueden botar como miembro del Consorcio ni pueden impedir su participación, tendrán que bailar a su ritmo y atender los múltiples recursos conque cuenta de conocimiento, experiencia y proceder.

En el Consorcio Marcos cargó su cruz más allá de su apellido, pero al igual que Jesucristo, yo le anticipo una resurrección.

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