Ciudadanía y estadidad

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR

Thomas Jimmy Rosario Martínez por LuigiHoy se cumple un año más de ser ciudadanos de los Estados Unidos de América. Nuestra generación dió por concedida y la utilizamos hasta por costumbre. Es un privilegio grande tenerla. Muchos mueren en el intento y otros la rechazan por tener otros criterios valoratorios.

Yo soy vegabajeño primero, luego puertorriqueño y finalmente ciudadano americano. Soy estadista porque creo en el futuro promisorio de una estabilidad para mi patria. Los modelos de repúblicas pobres  y democráticas como la nuestra no me permiten otra elección.

Eso no tiene que ver con mi patriotismo ni mi puertorriqueñidad. Nací en esta ciudad donde en 1952 ya los populares habían ratificado la etiqueta de ciudadano americano con la Constitución que por nuestra ciudad suscribieron Lino Padrón Rivera, Angel Sandín Martínez y Ramiro Martínez Sandín.

Actualmente no somos ciudadanos de segunda clase. Eso es un eufemismo para tapar que el que pisa nuestra tierra no tiene los mismos derechos, como si se tratara de territorio extranjero. Y eso incluye a los americanos más blancos que el papel o más ricos que lo que fueron los Rockefeller.

Yo no quiero igualdad como los ciudadanos que residen en Estados Unidos Continentales, Hawaii o Alaska. Ese tipo de ciudadanía la tienen mis dos hijas que viven en Kissimmee y en Virginia y si alguna vez me voy de mi tierra hacia similares destinos, también la tendré y gozaré en pleno de los mismos derechos.

A los puertorriqueños nos une la parte legal con los demás ciudadanos de Estados Unidos de América, pero el Océano Atlántico que nos divide ignora que el fondo marino no nos separa. Parece mentira, que el agua siendo un buen conductor, sea el factor de la desigualdad.

Estados Unidos no decidirá por nosotros. Esa será nuestra propia decisión. Mientras más pronto nuestra tierra lo decida, el nombre de patriota tendrá una nueva connotación. Yo quiero ser uno de esos patriotas del nuevo cuño, porque creo en la estadidad como la mejor situación económica, social y cultural para nuestro futuro.

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