Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Por décadas, nuestra familia ha sido objeto de escalamientos y robos. Desde asaltos, hurtos de auto, tubos de cobre, plantas de emergencia, ventanas y puertas, dinero y equipos electrónicos.
Esta pasada semana, menos el sábado en la noche, todas las noches han escalado la Fotografía Rosario. Buscan lo que para nosotros es imprescindible, la seguridad. Porque no encontrarán cosas de valor que no tenemos.
La seguridad en Vega Baja es nula. Se han robado las tarjas de la Plaza del Trío Vegabajeño hechas en bronce y alguien, algún comerciante las ha comprado. El sábado en la noche me dijo un vecino que la Policía paró a dos personas que cargaban con unas planchas como las que nos robaron, pero los dejaron ir porque aunque la actividad es sospechosa, no hay testigos ni reclamantes.
Esta mañana, a eso de las cinco, hice la revisión diaria del edificio. Violaron la parte de atrás, donde lo que están son cosas históricas que hemos reservado para contar la historia de nuestro pueblo y que por no haber recursos de archivos confiables los hemos guardado y conservado por décadas. Para que tengan una idea, la puerta del antiguo laboratorio de Jimmy Rosario, donde aun hay negativos, equipos y fotos apareció abierta, cuando la dejamos el sábado asegurada. Eso nos anticipa que al salir el sol, tendremos que sustituír alguna ventana o puerta por donde han llegado hasta allí.
Yo no quise entrar porque estaba solo. Llamé la Policía, pero como es usual, no vino. Sabemos que la falta de policías estatales y municipales es uno de los alicientes que tienen los malhechores. Sé que el Comisionado de la Policía Municipal llegó con planes y los está ejecutando, pero no tiene personal para responder con eficacia. Son cerca de la ocho de la mañana y como es mi rutina, busco a mi padre a su casa para que continúe hasta donde pueda, retratando a los vegabajeños.
No hay incentivo ten grande como la seguridad que pueda ofrecer el estado para mantener un negocio abierto y personas brindando servicios con el timador en la puerta por el día y el escalador en la noche.
Para nosotros, la pasada ha sido la peor de las semanas. El lunes en la tarde, nos robaron dos computadoras, monedas, dinero y hasta un bajo de un amigo. El martes, miércoles, jueves, viernes y sábado escalaron en las noches. Un individuo quiso pasarle un cheque fraudulento a mi padre con un cuento de un premio,, pero mi padre, hábil para los negocios, lo detectó al instante.
En nuestro espacio de trabajo, nos han causado mucho daño material, más que lo que han podido hurtar.
Las autoridades saben quiénes son. Nosotros también. Uno de nuestros vecinos de la Calle Julián Blanco Sosa que paga su alquiler con fondos de Sección 8 es señalado como uno de los cabecillas. El barbudo que lava los carros en la Calle Acosta también ha sido identificado. Hay otros que los vamos a delatar públicamente y con retrato.
No hay porqué temerle a la verdad, ni se trata de difamar. Es hora de enfrentarnos inteligentemente a los amigos de lo ajeno. Me da vergüenza ajena ver a tanto edificio hermoso mellado en nuestra ciudad y la historia borrada de nuestras paredes. Me da tristeza por nuestro pueblo, porque en lo personal, nosotros nos sostenemos con poco.
Este es un pueblo de riquezas que está siendo desvalijado. Hay que coger a los pillos y a los que le compran a los pillos.