El sentido de la Justicia

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR

Thomas Jimmy Rosario Martínez por LuigiParte de nuestra felicidad se basa en el sentido de justicia que tiene la sociedad. Eso lo esperamos de nuestros gobernantes, de la empresa privada, de las personas particulares y de nosotros mismos. Cuando alguien se desvía del camino que se supone que ande, proponemos que se le haga justicia por los que deja atrás con la violencia, el sufrimiento o el fraude.

Ahí el fiscal, en los casos criminales, buscará que el equivalente a veces poético del daño le cueste la libertad o el bolsillo al culpable. El juez y el jurado determinarán si procede declararlo inocente o culpable y los abogados tratarán de defenderlo todo lo más que pueda. Tres roles distintos para una misma profesión.

A la mayor parte del mundo no le interesaba quien era Pablo Casellas hasta que se supo que su esposa fue asesinada. Inmediatamente se vinculó a muchos de sus previos actos de conducta extraños de lo que surgió la idea de que el podía ser el asesino.

Pablo ha sido encontrado culpable de todos los cargos y enfrenta una sentencia de reclusión por el resto de su vida. Tiene además otros cargos pendientes en la jurisdicción federal. Una apelación, indulto o conmutación de sentencia de parte de cualquiera de los próximos gobernadores, mientras el tenga vida, puede cambiar el rumbo de la justicia aplicada y por aplicarse, pero hay otros factores que están latentes para producir variaciones en lo que nos parece lógicamente previsible para esa vida.

El convicto está en custodia federal mientras se sustancia el proceso. Mucha gente no relacionada con la relación de las jurisdicciones estatales y federales ven esto como un privilegio ya que las cárceles federales generalmente son más confortables y seguras que las estatales. No necesariamente es así, pero el sentido de justicia propende a la creencia de que todos somos iguales ante la ley y ven esto como una iniquidad ingeniosa gracias a los recursos económicos de su padre, de su relación con el sistema federal por ser un juez de ese foro y por la naturaleza del mismo Pablito, que se le señala como nacido y criado en cuna de oro.

La realidad no es distinta a la percepción popular. El asesino Pablo Casellas tiene mejor futuro que los demás convictos por similares delitos. Esa es una verdad con fundamento.

Ni el mismo Edgar Santana, quien fue protegido por el Presidente del Senado, que  tenía el dinero para pagar los abogados más caros de Puerto Rico y no mató a nadie, tenía esa suerte. Tampoco es la de cientos y hasta miles de convictos insolventes que han estado o están en prisión y que tienen que preparar de su puño y letra, utilizando otros convictos que saben hacerlo o personas particulares que los ayudan, sus apelaciones, mociones y hasta solicitudes de rebaja de condenas.

Pablo Casellas continuará siendo noticia importante hasta después que se muera. En algún lugar de las miles de posibilidades que tiene encontrará privilegios y mantendrá en ascuas a un sistema de justicia y de corrección que no funciona como debiera. Sus abogados los de ahora y los que tenga luego, esccudriñarán de por vida las posibilidades de huecos en las leyes, la jurisprudencia y los reglamentos y ensayarán nuevas teorías de redención para explicar de otra manera lo que nos parece evidente de ese desviado.

Peor que todo, será nuestro acompañante como un recordatorio constante de un sistema de rehabilitación que obvia el mandato constitucional y permite privilegios a ciertas personas sobre otros. Veremos cuando los descuidos institucionales de la justicia se hagan públicos. No es premonición ni profecía, es lógica simple de lo que ha existido hasta el momento y de lo que no hay nada en el panorama para cambiarlo.

Tuve un suegro que se llamaba José Andrés Justicia Martínez. El decía que la justicia solo existía de apellido. Tres de mis cuatro hijos llevan ese segundo apellido y el cuarto, que nada quedaba de él, lo quiso como un abuelo, porque era una persona simpática, idealista y buena.

Antes nos reíamos con su ocurrencia sobre su apellido, pero ya no. Es una realidad. La justicia solo existe de apellido.

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