La muerte de Hoffman

Philiph Seymour HoffmanPor Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR

Philiph Seymour Hoffman era uno de mis actores favoritos. Creo que se  parecía a mi tío-abuelo Mario (Tingo) Martínez, pero como lo conocí fue porque ganó un Oscar por una película que apenas hace pocos días la ví.

Antes lo había visto en una caracterización de un sacerdote acusado de pedofilia en Doubt donde se podía apreciar el carácter dramático de un personaje que uno no podía leer. Cuando digo leer es que al final uno podía estar del lado del título de la película, pero no podía decir, por la evidencia de la secuencia, la verdad. Allí estuvo de frente a la Madre Superiora, caracterizado por otra grande de la pantalla, Meryl Streep.

Pero Capote es una película digna de enseñar en cualquier escuela de arte dramático. Hoffman es grandioso en un personaje con todos los problemas que puede uno imaginarse. Poca presencia física, drogadicto, medio malvado y penosamente homosexual. Truman Capote existió en la vida real. Escribió la famosa novela histórica In Cold Blood.

Hoffman siguió la trayectoria de otro jóven ganador de Oscar, Heath Ledger y de un cantante como Michael Jackson. Murieron en su mejor momento por razones externas, por equivocaciones voluntarias en el uso de sustancias.

Tal parece que la fama es el primer paso para encontrar la droga ilegal o la recetada. O tal vez la gente que encumbran no saben cómo lidiar con el mucho dinero que trae el reconocimiento profesional de los artistas.

La muerte de Philiph Seymour Hoffman la opaca el fallecimiento de otro artista exitoso, Luis Raúl Martínez,  que la fama no lo cambió, ni murió por sobredosis. Yo estoy de luto por los dos, el primero muere con mi pesar y el segundo con mi convicción de que al aprovecharla, cerró exitosamente el ciclo de su vida.

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