Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Con la demolición del edificio de la Junior High debemos dejar esa etapa de la historia atrás. Cada cual debe asumir su responsabilidad. Los alcaldes, su dejadez. Los políticos, su oportunismo. El pueblo, la resignación del debate innecesario que trajo la crisis del inmueble.
Para el futuro, hay que hacer pausa y mirar el asunto desde una vista de tope, de lado y de frente, como cuando Angelito Adorno, mi profesor y luego condicípulo de la Facultad de Derecho , nos enseñaba a hacer un plano en la otra Junior High, la Escuela Intermedia Urbana Angel Sandín Martínez.
Pero hay que añadirle dos elementos. Primero, el de la profundidad física y segundo, el de la grandeza de nuestra idiosincrasia local.
Al Senador Joito Pérez le extiendo la mano para que nos dé. El se metió en la controversia por razones político- partidistas, pero eso no hace inválida su presencia en nuestra ciudad. Es uno de nuestros dos senadores fantasmas que dos veces al año se acuerdan de nuestra ciudad casi siempre para ignorarnos o crear controversia innecesaria. Es la tercera vez que yerra con asuntos locales y es la primera de este año.
Cuando digo que nos dé, es que nos brinde ideas y promueva legislación para lo que se pueda hacer en el futuro para este espacio que inusitadamente ha defendido como todo un gladiador. No le pido más de lo que puede hacer en su función legislativa y de lo que puede venir en 2016 en tiempo de renovación para su mandato para decir que se preocupa por los vegabajeños y que ha hecho todo lo que ha podido.
Hasta el momento, lo que está trayendo es política de barricada. Insulsos ataques al alcalde del partido opuesto como motivación y finalidad y mucha información desatinada y falsa. Se equivocó de pueblo cuando dice que la administración municipal de Vega Baja condenó al deterioro, por más de un año, una histórica estructura que data de mediados del siglo XIX con el objetivo de demolerla y así dar paso a un proyecto privado.
Nuestra lucha para conservar las ruinas de la Junior High vienen de más de
una década. Para hacerle el cuento largo corto, le aseguro que Luis Meléndez Cano tenía un proyecto decente y había consignado mucho dinero en el presupuesto que el colega partidista del Senador, el alcalde Edgar Santana Rivera, cambió de rumbo para otros propósitos. En la Legislatura Municipal hay varias resoluciones transfiriendo el dinero reservado con la anuencia del próximo alcalde novoprogresista que hubo, Iván Hernández González.

La mentalidad de Edgar no era como la de que
aparentemente tiene Joíto, que ha manifestado interés por la cuestión cultural. El asesor económico que tenía el Gobierno Municipal entonces, Irving Piñeiro, como no era de Vega Baja, no creía que la cultura fuera costoefectiva. Por eso, desde nombrar a un desafortunado Director de Cultura y cerrarle las puertas a la creatividad y manifestación cultural hasta crear una aversión anatémica hacia las expresiones culturales, no produjeron durante ocho años algo de valor histórico mencionable, pero nunca pudieron acallar a los hacedores de la cultura, que ahora tienen un foro constante para su desarrollo.
En la información de prensa, el Senador Pérez Rosa alega que el ejecutivo municipal vegabajeño jamás presentó un plan para la rehabilitación de la estructura. Quien lee eso, pensará que hubo absoluta dejadez, lo que no es cierto. Durante los primeros meses de su incumbencia, materialmente no pudo hacer mucho porque la situación económica del Gobierno Municipal fue de heredar mucho compromiso económico con personas de carne y hueso que tenían reclamaciones con los administradores anteriores, demandas y obras inconclusas sobre las que ha tenido que responder.
Varias personas, incluyendo su compañero novoprogresista Tito Cordero y el suscribiente llamamos la atención del estado de peligrosidad del edificio. Eso, que ya en 2010 se había determinado, en los últimos meses había hecho crisis por una fisura visible en su parte sur y en los últimos días, quizás producto del reciente temblor y del desgaste de los materiales de la estructura centenaria. En el interín, yo había traído a inspeccionar el edificio a mi sobrino, el Ingeniero José Juan Rodríguez Rosario, como una aportación nuestra, sin fines especulativos ni económicos y el alcalde había contratado unos profesionales cuyo estudio hemos visto y que los hallazgos de ambas inspecciones coinciden aun con los que ordenó Edgar Santana Rivera en 2010.
Si lo del interés privado sobre el lugar se refiere a las gestiones que hemos hecho, en el Diario Vegabajeño de Puerto Rico lo hemos informado con todo detalle y en todo momento por nuestro compromiso con los habitantes de este lugar. Si se refiere a otras personas, debe decir quiénes son y no tirar al medio la información incorrecta y maliciosa para afectar políticamente la imágen del alcalde, de quien yo sé que hasta el momento no tiene ese tipo de vínculos que se acostumbró durante los dos pasados cuatrienios.

Todo esto se hubiera evitado de no haber sido porque en el tiempo en que se podía haber hecho algo, no se hizo. Esa responsabilidad absoluta corresponde a Edgar Santana Rivera y a su sucesor, Iván Hernández González, los alcaldes penepeístas de 2005 a 2013. Y en cuanto a si el Gobierno Municipal contaba con los permisos del Instituto de Cultura, le puedo asegurar que sí. De hecho, la noche previa a la demolición estuvo presente el arquitecto de la zona para autorizarlo y dió instrucciones de lo que se haría después de la demolición. El alcalde acogió todas las recomendaciones e instruyó a su ayudante especial a cargo del operativo, que se siguiera todo al pié de la letra.
El perímetro se habrá de cercar con una verja de alambre eslabonado, para proteger el remanente de las estructuras que no se afectarán con la demolición. Hay información de columnas de ladrillos en el subsuelo que deben investigarse mediante un nuevo estudio arqueológico para determinar la razón de su presencia, utilidad y posible conservación.
Creo que la situación económica no permitirá una edificación sustituta. Esa situación crediticia de los bonos de Puerto Rico es real e inminente y nos afectará a todos. Anoche, en una actividad del Salón de la Fama del Deporte, cada uno de nosotros tenía una idea distinta de lo que debe haber ahí, pero unánimemente aceptamos que no había otro remedio en la actualidad que la demolición.
Mi visión personal es que debe consultarse a los vecinos, al pueblo, a las asociaciones y a los expertos arquitectos sobre lo que debe llenar el espacio vacío. Para los que no lo saben o no lo recuerdan, la Calle Baldorioty ha sido cuna de grandes personalidades del pueblo que han trascendido y lugar de residencia de otros personajes importantes de nuestra ciudad. Una de ellas fue Doña Trina Rivera de Ríos, quien nació a pocos pasos de la Junior High, que era también propiedad de familiares. El primer hospital público, se ubicaba en donde hoy día está la parte de atrás de la placita. Distintos comités del Partido Independentista Puertorriqueño, el Partido Nuevo Progresista, el Partido del Pueblo también se localizaron en distintos puntos de esa calle. También ha habido dos logias, un cementerio, colmados, Oficina del Correo, almacenes, orfebres, joyeros, fotografía, bares, fondas, fábricas, barberías, talabarterías, oficinas gubernamentales, iglesias, laundry, servicio de comidas a domicilio, en fin, una vida familiar, comercial e industrial importante para nuestra historia.
En Filadelfia hay un sector dedicado a los boricuas donde de un vegabajeño aparece una imágen. Eso puede ser uno de los modelos, al igual que el monumento parque dedicado a Franklyn D. Roosevelt en Washington, D.C., en un espacio libre donde se citan sus palabras famosas. Los ejemplos son muchos, de los cuales todos podemos aportar ideas. El alcalde Marcos Cruz me ha confiado que estará receptivo a escucharlas, porque no hay compromiso con nadie ni con nada. Su próximo paso es cumplir con las recomendaciones del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Por ahí debemos de empezar. Yo creo que es la nada oportuna para que la llenemos con el algo significativo.