Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Mi padre cumple 85 años este mes y 70 de fotógrafo. Su vida profesional le ha interesado a mucha gente por la consistencia y el rastro histórico que ha dejado a lo largo de su vida.
Toda mi vida he visto el aprecio que la gente tiene por él. Todos, incluyéndome, conocemos sus defectos como ser humano, pero vemos cómo ha trascendido en la vida pública de la ciudad y aun en la vida personal de los vegabajeños. Y respecto a la vida familiar, ha sido un excelente hijo, esposo, hermano y padre.
Esa relación con los vegabajeños la heredamos sus hijos, nietos y bisnietos. Su contagioso amor por este pueblo no es solo por el pasado y el presente, sino también tiene futuro. Ya nos ha dicho que cuando pase por la transición, quiere ser sepultado en tierra vegabajeña a pesar de su derecho a un espacio en el Cementerio Nacional. De verdad que nunca quisiera que llegara ese momento. Por eso he dedicado los últimos años a cuidarlo y prolongar su vida.
Un amigo me dijo una vez que todo vegabajeño tiene al menos una foto de Jimmy Rosario. Su obra está en miles de negativos, retratos, transparencias y ediciones electrónicas personales, familiares, sociales, deportivos, comerciales y de todo tipo. Está en los diarios del ayer y de hoy, en el Internet, en libros de historia importantes sobre Vega Baja y sobre Puerto Rico y aun fuera de Puerto Rico. Su mayor cualidad para su éxito de vida es su sentido de la historia por lo que siempre ha estado preparado para usar su instrumento y captar el momento. Así, ha detenido el tiempo de todos, para que podamos contarlo. Esa consistencia, al estilo de Cronos, el Dios del Tiempo, nos da un punto de encuentro indubitado a los vegabajeños. Esa es su magia.
Mi misión es explicar sus trucos, porque la magia no existe. Para eso tenemos que encontrar aquello que le formó su carácter y los ideales que le llevaron por esa ruta de servicio que de ser un historiador también es un historiado.
Además de crear una familia fuerte y llevar su medio de vida a una trascendencia extraordinaria, ha mantenido unos vínculos permanentes con la sociedad vegabajeña. Esto se ha dado porque ha demostrado tener mucha consideración a los valores locales. Incluso, los ha propiciado, realzado y difundido al resto del mundo. Además de su habilidad de ilustrar, tiene un empeño constante de escribir las crónicas de los acontecimientos como si esa fuera una misión de vida. Si eso no fuera suficiente, en cada una de las instituciones que ha servido, ha dejado ideas que se han convertido en realidades.
Se ha escrito mucho sobre él. En el récord de la Asamblea Legislativa de Puerto Rico y en las Actas de La legislatura Municipal hay resoluciones reconociéndole y felicitándole en varias ocasiones. En los periódicos locales, regionales y de Puerto Rico lo han entrevistado en varias ocasiones, al igual que en la radio y la televisión. Creo que mientras haya historia vegabajeña, al menos él estará en una nota al calce.
Tengo el privilegio de ser su hijo. Pero no un hijo cualquiera. Siempre ha sido muy comunicativo conmigo. No ha tenido secretos que no conozca y aun sé cosas de él que ni mi madre sabe, quien ha estado fiel a él desde 1951. Pero no son cosas malas, en su interior no las hay.
Papi, como le llamo, me enseñaba cuanto sabía; me decía donde estaban las cosas y qué hacer cuando él no estaba. Me llevaba a los sitios donde iba a trabajar para que conociera la gente, lugares y lo que el hacía. Es una escuela permanente de aprendizaje cuya última lección aun no ha concluído.
Mi padre es el primogénito del matrimonio entre Esteban Rosario Cordero y Aurea Rosalina Flores Pagán. Mis abuelos eran naturales de Arecibo y Lajas, respectivamente.


De acuerdo al registro de nacimientos de Nueva York, Thomas Rosario nació el jueves, 13 de diciembre de 1928, hijo de «Stephen» y «Rose», en el Hospital Bellevue de Manhattan, New York, el más antiguo de los Estados Unidos.
Mi abuela Rosalina me contó que el nombre de Thomas proviene por una persona que la atendió que era pariente de Thomas Alva Edison, quien le sugirió el nombre de su antecesor. Aunque Esteban quería el nombre de «Jimmy», no estaba al momento de la inscripción de su hijo y se le puso el sugerido de Thomas.
La pareja tuvo otros hijos. Albert, Henry, Angel Luis y Vilma Rosalina vinieron después. Los primeros años de su vida Jimmy los pasó con sus padres en Nueva York.
Por la parte paterna, su abuelo era Modesto Rosario Rosado, agricultor, comerciante y trabajador del tabaco. Su abuela paterna era Belén Cordero. Residían entre Arecibo y Barceloneta. Por la sangre materna, sus abuelos eran Carlos Flores y Antonia Pagán, residentes de Lajas.
Un hermano de Modesto, Lino Rosario Rosado fue miembro del Consejo Ejecutivo que se creó a principios del Siglo XX. Murió en el desempeño de su cargo.
Perdonen si no soy objetivo en mis escritos sobre mi padre. Es que en realidad no soy objetivo con él. Hay cosas del corazón, que la razón no entiende (Pascal).