Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Yo no conozco a Oscar López. Tampoco supe de él en detalle hasta hace años, cuando comenzó la campaña para su liberación. De hecho, me pareció un tonto el que rechazara la libertad que le ofreció el Presidente Clinton como me pareció inaceptable que Juan Igor González rechazara participar en un Juego de Estrellas cuando Joe Torres lo invitó. Son decisiones de vida que no se declinan.
Pero como amante de la libertad y ser imperfecto que soy, respeto lo que cada cual decide, aun cuando sea en su contra. Los ideales, como la salvación son personales e intransferibles. La voluntad es propia; lo contrario es esclavitud.
Me indigna haber leído un escrito anónimo que publicó Gumby Navedo sobre la parte oscura de Oscar López. Eso me recuerda los escritos que aun existen en el Internet sobre lo malo que era Carlos Ayes Suárez en 1985. Preparados indudablemente por miembros de las autoridades políticas de derecha de Puerto Rico, que son seres abominables aunque sean estadistas como yo pero que no tienen una pizca de sensibilidad humana y que por la falta de cualidades positivas apreciables, solo sobreviven cuando acaban con la reputación o hasta la vida de quienes piensan distintos a ellos.
Gumby es mi amigo y él sabe que esto no es contra él, aunque se haya solidarizado con lo que allí se escribe en contra de Oscar López. La diferencia entre el ser humano y los que no lo son es la irracionalidad y la insensibilidad. Pensemos y sintamos, que son dos placeres que tenemos. Veamos razones y sintamos emociones en esta situación de Oscar López y concluiremos que para él y para la sociedad, es mejor su libertad.
En primer lugar, nunca se ha probado que las ideas son nocivas para la sociedad. El que quiera ser comunista, estadista, estadolibrista, masoquista, sadista, homosexual, heterosexual, bisexual, voyerista, independentista, nazista y todos los istas existentes lo puede ser y no hay ninguna ley que se lo impida. Digo, escribo sobre la sociedad norteamericana en que vivimos y compartimos y en otros países donde la libertad de pensamiento se respeta, no la de otros países donde la libertad es una quimera y un juego de palabras de los gobernantes sobre sus ciudadanos.
Porque Oscar piense distinto a mí, no es una razón para encarcelarlo. Punto.
En segundo lugar, se atribuye su participación en actos delictivos criminales de carácter político.
Eso lo pongo en duda. En aquel tiempo en que se le atribuye esos delitos aun existía una fuerza represiva de investigación y procesamiento de parte de las autoridades federales y estatales en los estados y Puerto Rico. Lo conozco perfectamente porque era el asesor legal de la delegación del Partido Nuevo Progresista en la delegación penepé del Senado en 1983 y 1984, Fui parte de los que estudiaron los asesinatos en Cerro Maravilla y la conspiración policica de entonces y de los que creía héroes a los policías. También, en el 1985, estuve en el lado contrario de la moneda apoyando cuatro amigos vegabajeños imputados del robo en Hartford Connecticut, hasta lograr que se les concediera la libertad bajo fianza mientras se sustanciaba el juicio.
Pero vamos a asumir que en efecto Oscar López cometió los delitos que se le atribuyen. En cualquiera de las circunstancias, la pena sufrida es suficiente. Yo conocí al otro Oscar, un nacionalista que atentó contra el Presidente Harry S. Truman en la Casa Blair, donde éste residía mientras la mansión ejecutiva se reparaba. El vino a vivir a Vega Baja depués de su excarcelación, por el perdón otorgado por el Presidente Jimmy Carter.
De hecho, mis padres son dueños de un inmueble donde algún día marcaremos el lugar histórico donde Oscar residió detras de la Fotografía Rosario. No es un acto de criterio personal. Ya el Gobierno Municipal de Vega Baja -Legislatura Municipal y Alcalde- honró con ponerle su nombre Oscar Collazo a una calle donde también residió.
Al igual que Pedro Albizu Campos, Betances y otros, que eran personas de ideas y que a lo mejor en algún momento propiciaron alguna clase de violencia, estos también fueron víctimas de una sociedad intolerante. Como lo fue Jorge Washington también, que incluso hasta propició una revolución de la que la nación americana, incluyendo los estadistas vegabajeños que nos sentimos orgullosos de lo que hizo contra el intolerante imperio inglés.
Yo no creo que Oscar López sea un peligro para la sociedad. Los otros nacionalistas e independentistas indultados, que en su lenguaje y creencia creyeron haber pagado su cuota de patriotismo, nunca regresaron a las trincheras de la violencia, si alguna vez allí estuvieron.
Nuestra Constitución tiene, al menos en teoría y como derecho, la rehabilitación de los presos. No podemos menos que creer en eso aun cuando el concepto nos parezca injusto para el resto de la sociedad que ha sufrido los crímenes cometidos por los delincuentes.
Aun en el peor de los casos, Oscar López merece nuestra sensibilidad y la oportunidad de tener la libertad aunque sea en el ocaso de su vida. Tal vez la sentencia haya sido justa, pero ser prisionero después de tantos años y sin demostrar un asomo de violencia en sus pensamientos ni conducta actual, eso no es justicia. Es mas bien una vergüenza para los que estamos libres, que él esté encarcelado.
Los vegabajeños tenemos que recordar que un pasado primer ejecutivo está preso por una larga sentencia por un delito de cuello blanco. Aunque no nos quede duda de que hizo mal, continuamente reflexionamos si el extenso castigo que se le dió habrá sido justo, cuando a personas con delitos de sangre se les trata más lenientemente.
Y si no fuese suficiente lo que hemos expuesto, sobre Oscar tenemos que pensar en la generación de su sangre que le ha sucedido. La militancia y perseverancia de su hija y las cartas a su nieta prueban que hay un vínculo fuerte familiar para prevenir su reincidencia. Esa es mejor garantía que millones de dólares y que el más moderno grillete.
Así pasó con los demás y así pasará con Oscar López. Yo le doy el beneficio de mis dudas a ese puertorriqueño al que aprecio sin conocerlo, pero que en el mundo de las ideas me ha robado el corazón. He firmado por su libertad y quiero verle libre. No en wishfull thinking, sino en realidad. Solo así pasaremos esa página de nuestra historia y todos seremos más felices.
