Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Puerto Rico está aislado por el Océano Atlántico y el Mar Caribe del resto del mundo. Nos une sólo la comunicación satelital, los cables submarinos y la navegación aérea y marítima.
Por el avance de la tectnología y los medios modernos tal parece que tenemos la presencia permanente de nuestros protectores de Estados Unidos de América y tal vez de otras naciones, pero a la hora del desastre en que nos podemos quedar sin agua, energía eléctrica, comida y comunicaciones, nos quedaremos a nuestra suerte si alcanzamos la fortuna de conservar nuestra unidad de cuerpo y mente.
Mi esposa Myrna hace poco me recordó que tenemos que actualizar nuestros pasaportes, por si irnos de Puerto Rico es la única opción. Eso puede pasar, pero aun en ese momento de decisión quizás no hayan los medios para salir y tengamos que sobrevivir dentro del caos y el peligro inminente y permanente.
Vivir dentro de las circunstancias de una destrucción masiva por una guerra u otros actos de los seres humanos o por la fuerza de evolución de la naturaleza, es una situación proponente de acortar nuestras vidas individuales y colectiva y cambiar lo que hemos conocido por la carencia, enfermedad y múltiples riesgos. Dependiendo cual sea el evento, tendremos que adoptar medidas remediativas y preventivas para que nuestra situación particular no se agrave ni sume riesgos adicionales.
Hay que pensar desde ahora. Las advertencias de preparación han beneficiado a otros países y otras personas pues han sido precavidos y juiciosos al ordenar sus vidas y su entorno.
Cuando el suceso ocurra, algunas personas religiosas pensarán en que llegó el armagedón. Otros que no se preparen son candidatos al suicidio. Para unos y para otros, es el fin de su mundo. Quien opte por defender la vida desde ahora tiene que poner su oído en la tierra y notar las vibraciones que se producen desde adentro, ir a la playa y ver las marea convertirse en marejada, ver de donde y con cual intensidad sopla el viento y se convierte en tormenta y huracán, mirar al cielo para ver como el sol cambia cada día, como la luna mientras rota y se traslada demuestra sus distintas faces y apreciar de lejos el espectáculo nocturno de los cometas, estrellas fugaces, y meteoritos que tal vez sean parte de nuestro futuro inmediato.
El que dice que Dios es el que sabe, tiene razón. Pero los mortales también sabemos como distinguir el bien, el mal y el peligro. Eso nos lo dió el Gran Arquitecto del Universo para que no lo olvidáramos.