Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Mañana jueves, 19 de septiembre, hay una actividad importante en nuestra ciudad. La Legislatura Municipal celebra sus doscientos años de existencia.
Llevo varias décadas ensalsando y criticando a los legisladores municipales y tal parece que no tengo razones para celebrar su aportación a nuestra sociedad local. Pero yo no inventé el bien y el mal, el yin y el yang, el mar y el cielo, el anverso y reverso ni el positivo y el negativo. Eso está constante en nuestra existencia individual y colectiva y dependiendo como se mire, se podrá ver el complemento o los polos contrarios. Opto por la integración, lo que me llega a confiar que ha habido la honorabilidad que se atribuyen por protocolo los legisladores municipales.
Antes de comenzar a escribir estas cuartillas, me puse a pensar si había algún legislador en esos dos siglos que habría sido encausado por algún delito. No recuerdo haber leído de ninguno. Travesuras, oportunismos, ventajerías, muchas. Pero nadie ha sido acusado ni ha sido convicto. También examiné lo que los escritores vegabajeños pensaban de sus concejales, asambleístas y legisladores municipales. No encontré, en las actas que he podido leer desde 1812, pero muy en especial las de principios del Siglo XX, ninguna referencia negativa.
El lenguaje utilizado generalmente por los legisladores municipales es de un respeto extremo. Ellos no tienen el hablar coloquial de nosotros. Se desdoblan en otra persona desde que comienza la sesión hasta que termina. Como ejemplo, cuando se dió -creo que por vez primera- que padre e hijo fueran legisladores municipales simultáneamente, el Presidente Iván Hernández le llamaba «David» y no «Papi» a David Hernández Torres. O sea, que hasta el vínculo natural se pierde en el trato entre sus miembros para mantener la distancia protocolar de independencia de criterio.
El educador Reinaldo Cano Rodríguez en su tercer tomo de «Vega Baja, Tu Gente y Mis Memorias», opinó lo siguiente: » Le ha complacido al vegabajeño, con el transcurrir de los años, invocar a los compueblanos, hombres y mujeres, que honran sus ejecutorias el amado terruño. Los envolventes movimientos reguladores apreciables a todo lo largo de aquel sistema vital ivan-van acrecentándose. Unas veces el hombre lo hacía en su carácter personal; luego de haberse «retirado» de su cotidiana tarea principal, ofreciendo entonces importantes servicios voluntarios…Era esa su patriótica contribución en el desenvolvimiento natural de Vega Baja. Aquel constructivo pensamiento creador en su creciente desarrollo, observable en el pueblo, las aldeas, barrios y sectores significaba el más prodigioso aliado del progreso. El tan anhelado adelanto social, latente estaba, en el alma del melaomelence. !En el noble ejercicio, de sus obligaciones, naturalmente también estaba! «
No importa el nombre que tuvieran, concejales, asambleístas o legisladores municipales, pueden describirse como los reguladores de la sociedad vegabajeña. Es suya la responsabilidad de controlar al poder ejecutivo aun cuando el alcalde o los directores de departamentos y oficinas y los ayudantes sean de su mismo partido político. Pero también son los forjadores del futuro de la ciudad donde la ley estatal y federal o las previas ordenanzas y resoluciones no ocupan el espacio legal. Allí es donde la creatividad individual y colectiva puede formular legislación, mas allá de las piezas administrativas que somete el alcalde.
En ese interés por resolver los asuntos de sus compueblanos hay un desprendimiento de naturaleza espiritual y emocional de los legisladores municipales. Se quiere ver una comunidad fortalecida, homogénea, cooperativa y en paz. Ellos son los centinelas de esos valores.
En justo aprecio por su consideración hacia todos nosotros, debemos agradecerles su funciones. Entre ellos se llaman honorables y aunque eso es sólo un remanente de los títulos nobiliarios de antaño, la honorabilidad es evidente y merecida. Debemos reciprocar su amor por nosotros y apreciar y distinguir sus ejecutorias.
Tradicionalmente, no ha sido así. La figura del alcalde, paternalista y absorbente, no ha permitido celebrar la labor de los legisladores municipales. Además, la cantidad de legisladores que se constituyen de manera colegiada, divide el poder de cada legislador y su proyección comunitaria. Y recordemos que aunque hay cierta remuneración, el legislador municipal no es un empleado que pueda estar todo su tiempo dedicado a esta tarea.
Generalmente la Legislatura Municipal realiza sesiones sin público numeroso, salvo cuando hay algún asunto importante para alguna comunidad y se convoca personas o grupos para reconocerlos por alguna buena acción.
Sería bueno que la Legislatura Municipal de Vega Baja fuera más transparente y proactiva. Necesita proyectarse continuamente en la comunidad, publicando en el Internet la radicación de sus proyectos, el calendario de las comisiones y la aprobación de las ordenanzas y las resoluciones. En cada pieza legislativa hay una historia que la precede, una filosofía en la cual se edifica el alma de los vegabajeños.
A los legisladores hay que honrarlos porque ellos modelan el futuro de nuestra ciudad y de los vegabajeños.

