Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
En el último sondeo del Diario Vegabajeño de Puerto Rico nuestros usuarios escogieron la administración de Luis Meléndez Cano como la preferida entre las últimas cuatro, incluyendo la de Marcos Cruz Molina.
El período presentado para evaluación comprende los últimos cuarenta años. La de Luisito abarca, mas o menos, el ochenta por ciento de la encuesta, pues estuvo 32 años en el poder. Marcos solamente lleva seis meses y apenas comienza a darle forma a su manera de gobernar pues los recursos anteriores los dejó comprometidos económica y legalmente el alcalde Iván Hernández González. Por eso ni Marcos, con el electorado a su favor, logra el respaldo total de los vegabajeños en aprecio histórico. Son dos medidas diferentes.
Yo creo que la gente ha expresado su juicio histórico y tampoco nada tiene que ver que quieran al campeón de las reelecciones y la persona con el carisma y respeto de todos, como para que sea de nuevo alcalde. Ya de hecho, fue rechazado en 2008 en su intento de regreso. Es injusto también compararlo con cualquiera de los demás alcaldes incluyendo a Marcos Cruz pues han sido circunstancias distintas las de sus incumbencias.
Luis tiene sus méritos indiscutibles para contar su historia. Su presencia ocasional en actos públicos es un indicador de generosidad para que la vida vegabajeña continúe con su bendición. Para que las cosas buenas que hizo se recuerden. Para que en las que se equivocó lo vean como retrato para superar y hacer mejor en el futuro.
No podemos esperar que el paso de los años sea el motivo para celebrar a nuestros buenos vegabajeños. Es hora de dedicarle un pedazo de nuestro pasado y presente, como el área de Tortuguero, donde cerca nació y vivió parte de su niñez, donde hizo su participación como miembro de la Guardia Nacional, donde defendió las tierras para el Municipio cuando la era militar se acabó y en el lugar donde ubicó bajo su administración oficinas de gobierno local y áreas recreacionales diversas. Ese es el lugar de su mayor visión futura en aquel momento. El futuro de ayer es hoy y lo logrado es encomiable. Tortuguero es como una ciudad sin residentes a donde afluyen diariamente miles de personas para diversas actividades.
Quizás me equivoque y el actual alcalde tenga otros planes para honrar a Luis Meléndez Cano. Yo sé que al menos está en su mente porque en una conversación, hace algún tiempo, me lo confió. Lo bueno es que para honrar no se necesita dinero. Podemos empezar por la Carretera Estatal 687, la cual une la 686 y la 2. Ese espacio contó mucho para el y para nuestra ciudad.
Cualquier recuerdo de su obra no se lo debe prodigar los historiadores y los que despidan duelo, aunque creamos que por su buen estado de salud física y mental, Luisito debe durar muchos años más. Tampoco debe ocurrir cuando ya no pueda expresar su agradecimiento pues a todos se nos van minando facultades, por ley de vida. Sus hijos, familiares y amigos se sentirían felices de que esto fuera lo más pronto posible y los que vivimos esa época, los que le acompañamos y también criticamos en sus años de gloria, queremos que se dé esa coyuntura vivencial.
Luisito es un ícono vegabajeño y puertorriqueño. No importa lo lejos que vaya, siempre me preguntan por él. Como siempre tengo algo bueno que decir de su persona y su gestión gubernativa, hay que legar lo que hizo para que mañana, en la ignorancia, no crean que hay que inventar la rueda.
La mejor manera es señalar el lugar con el nombre del autor. Y el autor tiene nombre. Es un vegabajeño auténtico que sin experiencia política personal previa, renunció a la empresa privada que tenía para dedicarse al servicio público la mayor parte de su vida útil. Su nombre es Luis Enrique Meléndez Cano, nació en el barrio Yeguada de Vega Baja y fue alcalde de Vega Baja desde 1973 hasta 2005. Representó, defendió y propagó los valores vegabajeños con el poder que le confirieron los electores por ocho elecciones consecutivas. Su desempeño como alcalde le permitió aportar su talento en todas las distintas actividades de la vida de su pueblo, que bajo su incumbencia se transformó en una ciudad importante de Puerto Rico, pero también fue propulsor de talentos en todas las ramas del conocimiento humano.
Imposible de olvidar, es nuestro deber recordarlo permanentemente.